Los espacios físicos de la biblioteca universitaria en el nuevo ecosistema de aprendizaje

img_3168González Fernández-Villavicencio, Nieves,  Los espacios físicos de la biblioteca universitaria en el nuevo ecosistema de aprendizaje. Biblioteca de la Universidad de Sevilla.

Introducción

Desde los inicios de la era digital, la sostenibilidad de los espacios físicos de la biblioteca está bajo cuestión (Jager, 2015). Aunque el interés por estos espacios sigue siendo marginal en el contexto universitario, desde mediados de los 90 ese interés ha ido creciendo debido sobre todo al cambio que las tecnologías de la información han producido en las funciones bibliotecarias. En este sentido sobresalen dos conceptos, la biblioteca como espacio de aprendizaje y la biblioteca como lugar, orientada la primera más a bibliotecas universitarias y la segunda a las públicas pero no de forma exclusiva (Mehtonen, 2016).

El término “tercer lugar”, acuñado por Ray Oldenburg, describe “cualquier entorno exterior de la casa y el lugar de trabajo (primer y segundo lugar, respectivamente), donde la gente se reúne para una conexión interpersonal más profunda” (Alonso Arévalo y Rojas González, 2016). La biblioteca es ese tercer lugar, un espacio de ocio donde se busca el encuentro con los iguales de forma colectiva, un espacio de aprendizaje en distintas modalidades (Gallo León, 2016).

La importancia de este tema se refleja en su inclusión en los planes estratégicos de las bibliotecas universitarias. En el trabajo de Saunders (2015) se indica que en la mayoría de los planes revisados en su estudio, las áreas prioritarias son las colecciones, los espacios físicos, la colaboración y la formación. El espacio físico era una prioridad en el 94,2% de los planes revisados, tras las colecciones. Saunders destaca que aunque las colecciones eran la prioridad, muchos de estos planes estratégicos se centraban en la reducción del espacio físico dedicado a las colecciones, para ampliar los espacios de trabajo en grupo y de forma colaborativa, y con tecnologías de la información. Estas instituciones estaban centrando su interés en los recursos electrónicos y considerando los compactos y los depósitos externos de los recursos poco usados, para liberar espacio con los fines antes mencionados.

En el caso de las bibliotecas universitarias españolas, REBIUN (Red de bibliotecas universitarias españolas) se plantea la necesidad de crear nuevos servicios personalizados y espacios bibliotecarios, en su Plan estratégico 2020 (http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/dms/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/bibliotecas/mc/consejocb/comisiones-tecnicas-de-cooperacion/universitarias/Planestrategico2020.pdf).

Los espacios de biblioteca constituyen cada vez más un tema trascendental para las bibliotecas universitarias que están llevando a cabo un proceso común, la reducción de los espacios físicos dedicados a libros impresos y el aumento de los espacios dedicados a los estudiantes y sus diversas formas de aprendizaje. En un reciente informe de Primary Research Group sobre rediseño de bibliotecas académicas (http://www.primaryresearch.com/AddCart.aspx?ReportID=366,) se constata la tendencia en la mayoría de estas bibliotecas a la reducción del espacio dedicado a la colección impresa: el 70% aproximadamente de los encuestados había disminuido los espacios dedicados a la colección impresa en un 10%, el 25% había mantenido el mismo espacio y un 5% lo había incrementado.

Los espacios de la mayoría de las bibliotecas universitarias fueron dimensionados para albergar, proteger y facilitar el acceso a grandes colecciones físicas de documentos. Las monografías y por extensión, los espacios que las almacenan, han sido la fuerza viva del desarrollo y la organización de los espacios bibliotecarios. Muchos recordamos el dimensionamiento de los espacios por el crecimiento de la colección a 25 años vistas. A comienzos de los 90, esa previsión hizo que no se construyeran muchas bibliotecas por lo exorbitado de los números, por la cantidad de metros cuadrados que exigía su construcción.

Sin embargo con el avance de la tecnología, la información y la mayor parte de los recursos se encuentran online y las bibliotecas universitarias no necesitan tanto espacio para sus colecciones. Los dispositivos de acceso a la red se han convertido en la puerta de acceso a los recursos de la biblioteca en cualquier tiempo y lugar (Andrews, & Wright, 2016). “Atrás han quedado los días en que las bibliotecas acaparaban el mercado de la información a través de la entrega de valor casi exclusivamente como proveedores de contenido” (Alonso Arévalo y Rojas González, 2016)

“El libro ya no es el canon al que ajustarse, sino que las bibliotecas se proyectan para acoger usuarios y darles los servicios que necesitan en el entorno más atractivo y acogedor posible” (Gallo León, 2016).

Sin duda estamos ante una realidad que comenzó hace ya bastantes años (http://www.nievesglez.com/2011/01/en-bibliotecas-universitariasestanteria.html). En España esta tendencia quedó representada bajo el paraguas del concepto CRAI, Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación, impulsado por REBIUN, que se está́ imponiendo en las normativas y reglamentos de las bibliotecas universitarias españolas. Sin embargo, este modelo de biblioteca “requiere de un cambio más profundo que la mera adaptación terminológica” (Casal Reyes, 2011)

En la encuesta llevada a cabo por REBIUN sobre nuevos servicios innovadores en las bibliotecas universitarias españolas (http://www.rebiun.org/documentos/Documents/IIIPE_2020_LINEA2/IIIPE_Linea2_Analisis_encuesta_innovacion_2014.pdf), gran parte de las que respondieron hicieron referencia a la adaptación de sus espacios al modelo CRAI, ofreciendo diversidad de espacios de estudio y trabajo en grupo así como zonas para talleres y aulas de formación, aunque esta situación no incluye a la totalidad de las bibliotecas universitarias españolas, existiendo aún un gran desequilibrio entre las diferentes bibliotecas y sus bibliotecas de área.

Causas del cambio de uso de los espacios bibliotecarios.
Esta tendencia que estamos viviendo de reducción de los espacios bibliotecarios dedicados a la colección impresa y su transformación en espacios de aprendizaje, está motivada por diferentes causas.

1) Cambios en el modelo de aprendizaje. Los bibliotecarios son conscientes del cambio en los modelos de enseñanza y aprendizaje de los estudiantes, hacia un modelo más activo, de aprendizaje en grupo, Flipped classroom, etc. Esta situación actual se convierte en una oportunidad para las bibliotecas de contribución al éxito escolar de los estudiantes y apoyo al sistema docente, que afecta al propio diseño de los espacios de las bibliotecas. Los bibliotecarios, viendo los cambios en la enseñanza y el aprendizaje en sus instituciones, intentan adaptarse a estos cambios y asegurar que sus espacios, servicios y recursos respondan convenientemente a estas nuevas exigencias, ofreciendo de esta forma espacios de apoyo a las actividades de aprendizaje de los alumnos fuera del aula (Boosinger, Macewan, Baker, Goerke, Grabowsky, Latham, … Mckean, 2016).

2) Aumento de la colección digital de la biblioteca al tiempo que se estancan o disminuyen los impresos. Estamos ante una realidad conocida por todos. Las colecciones impresas son caras y voluminosas, los procesos de expurgo se suceden y los espacios dedicados a la colección impresa se reducen. Además, cada vez hay menor separación en la oferta de recursos impresos y electrónicos de las bibliotecas que conviven en los espacios físicos y virtuales. En la web de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla puede verse una aplicación de las nuevas adquisiciones de libros impresos y electrónicos (http://bib.us.es/educacion/noticias/descubre-las-novedades-bibliogr%C3%A1ficas-de-la-biblioteca-de-educaci%C3%B3n) Esta situación obliga a replantearse los espacios de las bibliotecas, sobre todo ante la demanda de nuevas formas de estudio.

3) Cambios en los comportamientos de estudiantes y profesores en el uso de la colección impresa. La facilidad de uso de las colecciones electrónicas y de los recursos accesibles a través de la web, facilitan la realización de las tareas académicas y reducen las visitas a la biblioteca física para encontrar información en sus estanterías. El uso de la colección impresa disminuye y su crecimiento comienza a ralentizarse. La búsqueda de información y los hábitos de lectura han cambiado. Los estudiantes necesitan espacios para estudiar, para trabajar en grupo y otras formas de colaboración. Los docentes usan la biblioteca a través de la red, desde sus despachos, y difícilmente visitan la biblioteca excepto cuando tienen una pregunta específica que hacer, de soporte a la investigación o al curriculum académico, o bien para realizar tareas que no se pueden hacer online, como todo lo relacionado con el libro impreso (Haapanen, Kultamaa, Ovaska, & Salmi, 2015).

4) Desplazamiento de parte de la colección impresa hacia zonas marginales de la biblioteca o en depósitos externos. Ante la falta de circulación de la colección impresa y la necesidad de espacios para dar respuesta a las nuevas formas de estudio, se tiende a desplazar los documentos de menor uso hacia zonas marginales de la biblioteca (Choy, & Goh, 2016) o a depósitos externos a la misma (Andrews, & Wright, 2016). Este es el caso de la Biblioteca de la Universidad de Edimburgo donde las colecciones que estaban situadas en las zonas centrales de la biblioteca, se muestran ahora en compactos y en zonas extremas de las plantas de la biblioteca.

5) La crisis y la falta de inversión en bibliotecas. La falta de espacio y recursos en bibliotecas universitarias representa un problema para la mayoría de nosotros. Aquellas bibliotecas que tuvieron la suerte de cambiar de edificio o remodelar sus instalaciones antes de la crisis están en mejores condiciones de afrontar estos cambios que aquellas a las que les tocaba después, y ante la falta de recursos no han actualizado sus espacios y servicios, produciéndose un gap entre bibliotecas muy visible a los ojos de los alumnos.

La realidad actual es que las bibliotecas ya no están centradas en su colección física ni en espacios para su ubicación y acceso. Los libros ya no son el eje en torno al cual gira la biblioteca y requieren de menos espacio. La biblioteca digital puede sustituir a la biblioteca física como fuente de información pero no así los espacios físicos de la biblioteca que se están adaptando de forma progresiva como espacios de estudio y trabajo del estudiante, como forma de trabajo en grupo, de reuniones e intercambio de ideas y en lugares en los que potenciar la creatividad y el aprendizaje basado en la investigación (Choy, & Goh, 2016). La mayoría de las bibliotecas universitarias estén transformando sus espacios en salas de aprendizaje denominadas Information commons o Learning Commons (Beagle, 2010),-en España son los CRAIs-, y se convierten en una forma palpable de demostrar su contribución al éxito de la institución (Jager, 2015)

Consecuencias para las bibliotecas:
Las consecuencias de estos cambios son por un lado la necesidad de espacios de almacenamiento de las colecciones impresas y por otro, la oferta variada de espacios para distintas necesidades de aprendizaje.

1) Necesidad de espacios de almacenamiento para las colecciones físicas de las bibliotecas.
Mantener un libro en la biblioteca no es barato, sobre todo cuando su uso no justifica el espacio que ocupa. De ahí que hayan surgido diversas iniciativas de almacenamiento de esa parte de la colección que no cumple los criterios de expurgo, fuera de la biblioteca o del campus. Ese desplazamiento de la colección impresa obliga a encontrar espacios secundarios de almacenamiento de las colecciones que no limiten el acceso a la información (Haapanen, et al. 2015).

Sin embargo el proceso no suele ser sencillo. Tras el ya problemático proceso de expurgo que algunos docentes se niegan a entender, la habilitación de los depósitos secundarios suele traer la resistencia de profesores, alumnos e incluso de personal bibliotecario.

Aunque las soluciones son muy diversas, una tendencia que se está imponiendo es el almacenamiento compartido entre varias bibliotecas que forman un consorcio. Cada miembro se compromete a almacenar y suministrar documentos para el uso de las demás bibliotecas y de esta forma no se duplican las colecciones (http://theconversation.com/turning-a-page-downsizing-the-campus-book-collections-45808).

● ReCAP. The Research Collections and Preservation Consortium (http://recap.princeton.edu). Espacio compartido entre la Columbia University, The New York Public Library y Princeton University. Se trata de un almacenamiento de alta densidad y suministro diario de las colecciones a las bibliotecas consorciadas. Contiene 13 millones de volúmenes.
● Minnesota Library Access Center, que sirve a la University of Minnesota y a un consorcio de pequeñas bibliotecas (https://www.minitex.umn.edu/Storage/About/)
● La University of California Northern y Southern Regional Library Facilities, comparten un almacenamiento de 13 millones de volúmenes (http://www.lib.berkeley.edu/libraries/nrlf)
● El HathiTrust monograph archive contiene escaneados millones de libros impresos de una coalición de bibliotecas universitarias (https://www.hathitrust.org/)

2) Oferta variada de espacios de aprendizaje. Las bibliotecas están ofreciendo cada vez más nuevos espacios que abarcan desde espacios de silencio a espacios de estudio y cuyas características se basan en la flexibilidad y movilidad en todos sus sentidos para adaptarse a las diferentes necesidades de estudio de los estudiantes.

Choy y Goh (2016) describen los cuatro tipos de espacio que necesitan los estudiantes para sus diferentes necesidades de aprendizaje. Estos espacios se pueden dar de forma aislada o conjunta de tal forma que un learning commons debe ofrecer al menos varios de los tipos que se describen.

● Espacios colaborativos. Son espacios de trabajo colaborativo, en grupos, zonas de ruido medio y alto. Este tipo de espacio es necesario para dar respuesta a la creciente adopción del aprendizaje colaborativo, cooperativo y basado en grupos. Generalmente son espacios requeridos por los docentes que han adoptado estos métodos de enseñanza, pero en muchas ocasiones son demandados por los propios estudiantes. Ofrecer este tipo de espacio en relación al aprendizaje, contribuye al éxito de la misión de la universidad. Además, y esto es lo que lo diferencia de espacios iguales en el resto del campus, están gestionados por los bibliotecarios, como espacios de atención y apoyo al aprendizaje. El símbolo de la biblioteca como lugar de conocimiento y aprendizaje proporciona credibilidad a estos espacios. El mobiliario y la separación de espacios contempla distintos tipos de necesidades de trabajo colaborativo (brainstorming, proyectos, presentaciones, redacción, solución de problemas, aprendizaje entre pares e interacción social informal). Además debe contar con tecnología adecuada para estas necesidades (ordenadores, proyectores, pizarras, móviles, programas informáticos específicos, etc.). Sin embargo algunos estudios indican que las tecnologías complejas no son siempre deseadas o necesitadas, probablemente por el aumento de los ordenadores personales y la tendencia bring your own device (BYOD) (Andrews, & Wright, 2016). En el informe anual de Primary Research Group, Redesigning the College Library, 2017 Edition, se indica que el 57% de los usuarios de bibliotecas universitarias utilizan sus propios dispositivos (http://www.primaryresearch.com/AddCart.aspx?ReportID=366).

Dos características fundamentales de estos espacios son la flexibilidad y adaptabilidad de sus componentes, de tal manera que permitan a los estudiantes configurar su propio espacio, mediante elementos modulares como pizarras verticales con ruedas que dupliquen los espacios de escritura. Choy y Goh (2016) destaca que los estudiantes utilizan con mucha frecuencia pizarras tradicionales en sus reuniones. Tevaniemi, Poutanen y Poutanen (2015) los denominan espacios “de interacción social o de aprendizaje social” .

Andrews y Wright (2016) llaman la atención sobre los niveles de privacidad de estos espacios, desde la interacción física con los demás estudiantes hasta la privacidad para ver películas o controlar los medios sociales, y recomiendan que se puedan reservar y se controle si se ocupan o no para evitar el abuso en las reservas.

● Espacios de silencio y estudio individual. Son espacios de trabajo individual, de reflexión y trabajo creativo individual. A pesar de la popularidad de los espacios de trabajo colaborativo, todos sabemos que la demanda de espacios de silencio es alta, al ser necesaria para un aprendizaje y estudio efectivo. La ausencia de ruido debe ir acompañada de ausencia de distracción, de elementos que eviten la concentración, por ello se ubican en zonas aisladas del tránsito de usuarios, incluidas las estanterías de libros, y deben estar señalizadas de forma conveniente. Hay que evitar espacios cómodos que inviten a reuniones y conversaciones (Franks, & Asher, 2014). Estos espacios son contrarios a los colaborativos y se complementan mutuamente. Para Andrews y Wright (2016), estos espacios deben tener también diferentes niveles de privacidad, con espacios de estudio abiertos pero también en cubículos individuales.
Para evitar el ruido hay que utilizar estrategias como la asignación de zonas de silencio específicas dentro de la biblioteca, con muebles apropiados para minimizar el ruido o utilizando cabinas individuales. Aunque los estudiantes respetan más las políticas de silencio cuando alguien monitoriza el área, esta presencia de autoridad no siempre está asegurada. Otros sistemas que se proponen describen el uso de dispositivos (NoiseSign) que proyectan una luz al área asignada de la sala cuando el nivel de ruido se supera (Lange, Miller-Nesbitt, & Severson, 2016). Estos autores determinan la efectividad de este sistema para reducir el ruido en bibliotecas universitarias aunque no logran demostrar la reducción del ruido en su trabajo.

● Espacios de interacción (con recursos y expertos). Son espacios para la consulta de los recursos de la biblioteca o la interacción con los bibliotecarios y otros expertos para solicitar ayuda. Se incluyen las búsquedas de recursos impresos y electrónicos, las consultas al bibliotecario de referencia o con fines de formación, etc. La disponibilidad y visibilidad de estos espacios debe crear confianza y destacar el papel de los bibliotecarios ofreciendo ayuda y asistencia a los estudiantes. Son espacios de interacción con las estanterías de los libros, pero también con la tecnología, ordenadores de consulta y trabajo. Incluyen los Makerspaces y Lab, los espacios para clases informales, ocasionales, impartidas por docentes y bibliotecarios.

● Espacios comunitarios. Espacios de interacción con la comunidad. La biblioteca sigue siendo el corazón de la Universidad con espacios neutrales y comunes para todos los usuarios, en los que se organizan eventos como charlas, presentaciones de libros, cafés, entretenimiento, etc.

Para el diseño de estos espacios, en el informe de Head (2016) Planning and designing academic library learning spaces se describen las características que deben tener estos espacios teniendo en cuenta tanto la opinión de los bibliotecarios como de los arquitectos: colaborativos, interdisciplinares, flexibles, funcionales, para el aprendizaje activo, amables y amigables, abiertos, sociales, transparentes y ágiles.

La evaluación de los nuevos espacios
Para que estos espacios físicos sigan siendo relevantes es imprescindible su adaptación a las necesidades de aprendizaje de los usuarios y su optimización. Tradicionalmente los datos de uso de la biblioteca son ofrecidos por el SGB (Sistema de gestión de la biblioteca), los contadores de entrada de personas o el número de preguntas de referencia. Pero estas métricas no evalúan donde están los usuarios en la biblioteca o el uso que hacen de los diferentes espacios. Muchas bibliotecas recopilan y analizan las opiniones de sus usuarios pero pocas lo hacen de forma profunda para extraer conclusiones que mejoren el servicio.

Para tomar este tipo de datos se utilizan las encuestas. En el estudio de Burn, Cunningham, Waller, Walton, & Walton (2016), se presentan los resultados de las encuestas realizadas a los usuarios de las bibliotecas universitarias de York y Loughborough, tras una reforma de sus espacios efectuada en los últimos años hacia entornos de estudio y trabajo en grupo. Entre los resultados se observa que los estudiantes van a la biblioteca por estas tres razones: para estudiar de forma individual, para sacar en préstamo o devolver y para utilizar un espacio para trabajar en grupo. Un alto porcentaje afirma llevar su propio portátil o dispositivo electrónico.

Andrews y Wright (2016) muestran los resultados de las encuestas, fotos y otros métodos de observación llevados a cabo en la biblioteca de la Universidad de Cornell, con el objeto de conocer las necesidades de sus estudiantes y evaluar los espacios ofertados. Entre estos resultados se observa que los alumnos, graduados y postgraduados necesitan de forma mayoritaria espacios de trabajo individual y en grupo y acceder a una tecnología que sea flexible e integrada. Necesitan un mobiliario variado, móvil y fijo y adaptable y variedad de espacios con niveles de ruido definidos, desde espacios de silencio, individuales, hasta espacios para grupos, para clases flexibles, multimedia, labs y makerspaces (el movimiento maker en bibliotecas http://www.nievesglez.com/2013/01/el-movimiento-maker-en-bibliotecas.html). Destacan la importancia de la luz natural y la necesidad de permitir las reservas online de los espacios colaborativos, así como la oferta de modelos de servicios creativo.

En algunas bibliotecas se han utilizado métodos mixtos para conocer la forma en la que los usuarios usan y perciben los espacios de la biblioteca, combinando mapas de calor que ofrecen datos de ocupación de los distintos espacios, con encuestas a los usuarios sobre preferencias de uso (Khoo, Rozaklis, & Kusunoki, 2016).

Otras bibliotecas utilizan sensores para detectar el uso de los espacios físicos de la biblioteca. A través de los mapas de las plantas de la biblioteca y mediante un programa basado en GIS, se toman los datos del uso de los distintos puestos de lectura de la biblioteca de forma no intrusiva como pueden ser las encuestas. Estos mapas demuestran el uso de la biblioteca y ofrecen una guía de cómo se podrían rediseñar los espacios de la biblioteca para satisfacer las necesidades de los usuarios (Mandel, 2016).

Ejemplos:

Muchos son los ejemplos que podemos encontrar de estos cambios en los espacios de las bibliotecas universitarias. Vamos a destacar algunos que aunque no sean de nuestro país, nos ofrecen soluciones a problemas que son globales y pueden ayudarnos a no equivocarnos en las decisiones que se tomen.
● La Biblioteca de la Universidad de Edimburgo. Tras el verano de 2016, esta biblioteca ha añadido cientos de nuevas plazas de estudio como respuesta a la demanda de sus usuarios. Parte de las colecciones se han desplazado a las esquinas del edificio y colocado en compactos. Las zonas que han dejado libres se han llenado de plazas de estudio de todo tipo, en grupo, individuales, con mamparas y ordenadores y variada tecnología, etc.
● La Moffitt Undergraduate Library de la UC Berkeley (http://moffitt.berkeley.edu/) en su reciente remodelación de sus cinco plantas, tan sólo la 5º está destinada al estudio y silencio, mientras el resto de las plantas se dedica a diferentes zonas de trabajo colaborativo, con paredes móviles que los estudiantes usan para configurar el espacio según sus necesidades, zonas de café y laboratorio de aprendizaje.
● La Biblioteca Sterling Memorial Library de la Universidad de Yale ha cambiado el título de biblioteca por el de Center for Teaching and Learning (CTL) (http://ctl.yale.edu/) y ofrece todo tipo de zonas de aprendizaje individuales y colaborativos, espacios movibles y talleres.
● La Biblioteca de la Universidad de Auburn. Para una mayor conexión con el currículum académico, preguntaron a estudiantes y profesores sobre sus preferencias en relación a los espacios de la biblioteca, con el objetivo de dar soporte específico a las actividades de los estudiantes fuera de clase (Boosinger et al., 2016)
● La Biblioteca de la University of Salford ha sido objeto de una reciente remodelación en la que cambiaron las paredes de obra por cristales que mostraban los despachos de los bibliotecarios, creando de esta forma una sensación de espacios compartidos con el personal de la biblioteca que trabaja al lado para ayudar a los estudiantes (http://designinglibraries.org.uk/index.asp?PageID=747) Puede hacerse un seguimiento del proyecto en el blog específico que cuenta la remodelación de la biblioteca (http://blogs.salford.ac.uk/library-development-project/).
● La Biblioteca de la Universidad de Harvard, la mayor biblioteca universitaria del mundo, ha encargado a un grupo de académicos denominado Library Test Kitchen Group, un proyecto cooperativo de un espacio híbrido en el que coexista lo digital y lo analógico, incluyendo talleres de edición literaria y un laboratorio de productos comestibles creados por impresoras 3D (Alonso Arévalo, & Rojas González, 2016)
● La Biblioteca del campus Dearborn de la University of Michigan, ofrece tanto un learning commons como un active learning classroom, para uso de docentes y alumnos (https://news.umd.umich.edu/2016/12/flex-space-two-new-library-spaces-designed-to-meet-needs-of-todays-students/).
● Para ver más ejemplos de diseño de espacios bibliotecarios, puede consultarse la web Designing Libraries que informa sobre los proyectos de construcción, renovación, mejora y ampliación de bibliotecas en el Reino Unido e Irlanda (http://www.designinglibraries.org.uk/)

Conclusiones

El objetivo de la biblioteca ha dejado de ser el acceso y uso de los recursos bibliotecarios, para tener un multiobjetivo, promover y dar soporte al aprendizaje, la enseñanza y la investigación de la universidad. Para la American Research Libraries (2016) en su plan estratégico 2033, la biblioteca universitaria cambiará su papel de proveedora de conocimiento dentro de la universidad para ser una colaboradora dentro del rico y diverso ecosistema del aprendizaje y la investigación.

La percepción de los estudiantes sobre las bibliotecas universitarias ha cambiado tras el aumento en el número de los espacios de biblioteca para atender las diferentes necesidades de estudio de los estudiantes, en solitario y en grupo. La biblioteca inspira al estudiante a estudiar y estudiar en la biblioteca hace que el estudiante se sienta parte de algo grande (Andrews,& Wright, 2016). Los espacios para trabajo en grupos como parte de los learning commons son la cara más visible de las bibliotecas hoy día y múltiples informes reconocen el nivel de satisfacción de los estudiantes con estos nuevos espacios (Choy & Goh, 2016).

Tras el rediseño de los espacios, hay que evaluar su uso por los usuarios y adaptarlos y modificarlos para que se adecuen a sus necesidades cambiantes de aprendizaje. La evaluación de los espacios para adaptarlos nos permitirá estar seguros de que seguimos integrados en el aprendizaje y la investigación de nuestros estudiantes y docentes (Andrews, & Wright, 2016).

Bibliografía
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Andrews, C., & Wright, S. E. (2016). Library Learning Spaces: Investigating Libraries and Investing in Student Feedback. Journal of Library Administration, 56(6), 647–672. https://doi.org/10.1080/01930826.2015.1105556

Beagle, D. (2012). The Emergent Information Commons: Philosophy, Models, and 21st Century Learning Paradigms. Journal of Library Administration, 52(6), 518–537. https://doi.org/10.1080/01930826.2012.707951

Boosinger, M., Macewan, B., Baker, D., Goerke, A., Grabowsky, A., Latham, C., … Mckean, L. (2016). Reconfiguring Auburn University ’ s Main Library for Engaged Active Student Learning. https://doi.org/10.18665/sr.284239

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