“El Jarama”, de Rafael Sánchez Ferlosio

Todo un clásico

Hay quien opina que más que hablar de tragicomedia se debería apostar por el término comitragedia. El motivo es evidente. Este tipo de obras comienzan con escenarios divertidos y atractivos para terminar en la fatalidad. De ahí que sea más oportuno hablar de comitragedia, comedia al principio y tragedia al final que de tragicomedia.

En el caso de esta novela, quien la haya leído ya, puede aprovechar la reseña para refrescar la memoria. Comienza con un grupo de jóvenes que se acercan a un chiringuito a orillas del Jarama a pasar el día. Allí una serie de parroquianos disfrutan del domingo. Todo es maravilloso en los dos primeros tercios del libro. Sin embargo, hay algo en el último tercio que hace reflexionar y que lleva a la obra vaya mucho más allá de una novela de costumbres. Evidentemente, no vamos a desvelar qué es eso que ocurre que cambia el signo del relato.

Hablo de costumbrismo porque algo de eso hay. Se trata con detalle de máquinas de coser, de vehículos, de la vida cotidiana a las afueras de Madrid. En fin, que es bastante agradable para el lector de hoy en día conocer cómo era el día a día de la generación de sus abuelos o de sus padres según la edad de quien lo lea.

Pese al tratamiento pormenorizado de detalles de ese tipo, la lectura es ágil. No se hace nada pesada a pesar de que el día que se relata vaya transcurriendo sin demasiada acción. Hay una partida de dominó, otra de rana y una ruptura de noviazgo como acciones más destacadas. Además de la acción del grupo de jóvenes que vienen de Madrid que ya se ha mencionado.

El hecho de que la trama se desarrolle en los días de verano me ha resultado muy interesante ya que me ha permitido comparar la forma de divertirse de los años 50 del Siglo XX con las de hoy en día. Un escenario en el que no había teléfonos móviles, ni redes sociales, ni tantas y tantas cosas que el lector moderno irá descubriendo según avance la lectura.

Otra de las cosas que llama la atención es lo cuidado de la prosa. A mi modo de ver es una novela muy bien escrita. Con cambios de registro según sean personajes de más o menos cultura. Desde luego, una forma de escribir que a mí me ha satisfecho plenamente.

En fin, como en los anuncios inmobiliarios, mejor ver. Es decir, que por mucho que aquí se escriba, lo mejor es acometer la lectura y disfrutarla directamente.

En el aspecto formal, se trata de una novela canónica a la que no le sobra ni la falta nada según mi modesta opinión. La cubierta es tan sobria como la Colección Austral. Sin imágenes de cubierta ni más adornos que los propios de la colección. El ritmo puede que sea más lento del que se utiliza hoy en día pero no tan lento como el de los costumbristas originales. Una novela ideal para el verano o para cualquier momento del año ya que una buena lectura no tiene fecha de caducidad. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado 

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