“La casa del gato jugando a la pelota”, de Honoré de Balzac  

Sin Clásicos no habría Novísimos

 Muchas veces ponemos todo nuestro interés en leer el último Premio Planeta o algo sacado de las mesas de novedades. Sin embargo, no debemos olvidar que la influencia de esos escritores de vanguardia está en los clásicos y que, de vez en cuando, es un gran placer un cambio de ritmo, de escenario, incluso de léxico que nos permita apreciar cómo toda esa literatura novísima que estamos leyendo aparece ya en autores como el que hoy recomendamos.

Así, sin Emilia Pardo Bazán no habríamos tenido escritoras como Elena Muñoz igual que sin Honoré de Balzac, Emmanuel Carrère no habría sido el mismo. No es necesario que los contemporáneos hayan leído expresamente a un clásico u otro, ya que la influencia va pasando de pluma a pluma sin necesidad de que se lea a todos.

No sería justo, en el caso de estas “Obras Completas” editadas por Aguilar, que son las que se han utilizado para la reseña, dejar de mencionar el extenso, intenso y magnífico prólogo de Rafael Cansinos Assens, que además, es el traductor.

En dicho estudio se nos hace ver que Balzac podría haberse dedicado perfectamente al mundo editorial de haber triunfado en sus pinitos en el negocio lo que habría supuesto perder a uno de los escritores más influyentes de las letras francesas y por extensión, de las universales.

También podemos apreciar cómo sus páginas y páginas de Comedia Humana habrían sido imposibles sin el afán del autor por tener una intensa vida social que le permitiera conocer a fondo la sociedad a la que retrata.

Por último, pero no menos importante, esa voluminosa labor habría sido imposible sin que se sacrificaran horas de convivencia y sueño con largos periodos de reclusión en los que casi ni se comía ni se salía de la habitación para tener a punto la entrega a sus editores.

Respecto a “La casa del gato jugando a la pelota”, se trata de una novela primeriza que puede que no nos presente al gran Balzac de otros títulos pero sí tiene la frescura, la alegría y la inocencia de un escritor que no arrastra la frustración o la vanidad del veterano.

 

Van a encontrar una obra bastante costumbrista que nos presenta a un comerciante parisino con dos hijas. Una de ellas, la mayor, va entrando en años y va siendo un tapón a la hora de casar a Agustina, la segunda. Al final, un noble joven y guapo que se dedica a la pintura se interesa en ella y el bueno de Guillaume tiene que ceder.

 

¿Será ese matrimonio fuente de felicidad y bendiciones para la familia? Les animo a que lean la novela que, en este caso, se lee bastante rápido para descubrir la enseñanza que presenta el maestro francés.

 

Desde luego, la Literatura siempre tiene que tener una enseñanza, prevenirnos de algo o, al menos, evadirnos de los tremendos problemas que azotan el día a día. No duden que un escritor del vuelo de Balzac no lo vaya a logar.

 

Formalmente, se trata de uno de los tres volúmenes de las “Obras Completas” reeditadas por Aguilar en 1987. No tiene demasiadas ilustraciones pero las que hay valen mucho la pena porque se han conservado ilustraciones de época. Papel Biblia, encuadernación en cuero y texto a dos columnas nos llevan a ese Libro Antiguo que hoy revindicamos en este espacio. Que lo disfruten.

 

Adolfo Caparrós

 

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