“Por las sierras de Ávila”, de José Villacís

Vivir el 98

La poesía existirá siempre. Al menos, eso creo. De la misma manera, La Generación del 98 vivirá siempre. Tanto en los libros de los propios componentes de dicha generación como en otros que nos la recuerdan.

Eso ocurre con el libro que hoy recomendamos, tiene el lector la sensación de que Azorín o Machado todavía vivieran y hubieran ofrecido a la imprenta otro de sus libros. Austeros y humildes por un lado; bellos, trabajados y artesanales por otro.

Eso es lo que vamos a encontrar en “Por las sierras de Ávila” un libro trabajado, escrito por una mano que tiene años de experiencia en el oficio, un autor al que se le notan las horas de vuelo. Sin duda, es un empeño personal seguir puliendo y mejorando el estilo, escribir cada libro mejor que el anterior.

Señala en su introducción Patricio Herráez Barroso que el libro rinde homenaje a la generación de agricultores que tanto sacrificó para que la posterior tuviera estudios y una vida lejana a la realidad que a ellos les tocó vivir. Leyendo estas páginas siente uno cierta atracción por esa vida austera. Lo ha escrito tan bien que lo ha conseguido.

Villacís ha captado en su poemario la esencia de Ávila, como en su día, Machado captó la esencia de Castilla o Valle-Inclán la de Galicia. La instantánea que se nos ofrece recoge con maestría varios escenarios inconfundibles para quien haya visitado Ávila. Sin falta, las murallas, los colegios, los templos, los campos, el cementerio… No podía faltar por las fechas en las que ha sido escrito, el cementerio. La muerte está presente en el libro presentada con la sobriedad castellana pero también con una experiencia mística que hace que el lugar sea asimilable.

Se hace corto el poemario, quedamos con ganas de más. Según mi modesta opinión, ante la duda, siempre es mejor que queden ganas de más que agotar al lector. Como ya se ha dicho, Villacís es un autor muy experto ya y sabe que lo mejor que puede pasar a quien nos lee es que quiera seguir leyendo.

El ritmo y la música son también solemnes, muy apropiados a los tiempos que corren. Solemne también la cubierta, con fondo negro con letras en blanco. Un libro que no dejará indiferente a quien lo acometa.

Adolfo Caparrós

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