“El negociado del yin y el yang”, de Eduardo Mendoza

Hay autores de garantías. Cuando acudimos a ellos sabemos de antemano lo que vamos a encontrar. Uno de ellos es Eduardo Mendoza. Ya sea en su faceta humorística o en la novela tradicional sabemos que vamos a encontrar un producto de calidad y solvencia.

En “El negociado del yin y el yang” vamos a encontrar una novela que, además de una buena trama que no pierde el ritmo en ningún momento, aporta cierta reflexión sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

Se me antoja especialmente oportuno romper una lanza a favor de lo que las mujeres pueden aportar a los hombres y viceversa en un clima de opinión en el que los hombres parecen estar satanizados y bajo sospecha de maltrato por el simple hecho de ser hombres.

Un acierto indiscutible de la trama es el cambio constante de escenarios. De Estados Unidos se pasa a Japón, de Japón a España, de España a Alemania para volver a España con un plan que culminaría en Argentina. Un auténtico torbellino de países, de culturas, de formas diferentes de ver las relaciones entre hombre y mujer, o no. Otra de las cosas que descubrimos es que, a pesar de las culturas, un hombre y una mujer lo son en todos los escenarios. Al fin y al cabo, todos tienen corazón, todos tienen necesidades y sentimientos por mucho que las formas de acometerlos tengan diferencias.

Me ha agradado también la idea de representar un escenario de guerra fría mundial que en España coincide con la transición. Recordar aquella España de Adolfo Suárez y Felipe González en la que se despertó a tantas cosas pero a la vez se convivía con tanto miedo y con una violencia evidente hace ver que el esfuerzo de nuestros mayores por lograr el mundo que tenemos no debería menospreciarse en absoluto.

Formalmente, vamos a encontrar una novela estándar, de extensión más que adecuada para el periodo veraniego que se avecina. El ritmo de lectura es muy agradable, ni tan ágil que las páginas vuelen, ni tan lento que en ningún momento se pueda perder el interés. Preside la cubierta uno de esos dioses orientales que vamos a encontrar en los apasionantes viajes del protagonista.

Que la disfruten.

Por Adolfo Caparrós

 

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