“Conviene tener un sitio adonde ir”, de Emmanuel Carrère

Se lee como una novela

Se acerca la concesión de, este año sí, el nuevo Premio Nobel de Literatura. Uno de los que suenan es Emmanuel Carrère y, aunque es muy difícil acertar, dicen que si no se arriesga, no se gana.

Por consiguiente, voy a arriesgar con la reseña de un libro que no es creación literaria, al menos no oficialmente, de uno de los aspirantes a obtener el preciado galardón. Si lo lograra, quedaría fenomenal. De no conseguirlo, es muy buen libro de todos modos y quienes se animen a leer posiblemente van a quedar satisfechos.

Se trata de una selección de trabajos publicados en revistas y periódicos que nos muestran el otro lado de la creación. Las lecturas, las cenas, las amistades… Todo ese trasfondo que hay detrás de una figura de la Literatura.

Me ha resultado muy interesante porque quienes están en aquel lado suelen ser <muy celosos de su intimidad> Sin embargo, en este libro podemos conocer, por ejemplo, lo que se vive en ese mundo especial que es Davos. Cuando se nos relatan las cenas, los encuentros con las personas más poderosas del mundo, entendemos que están en un entorno de tremendo lujo pero no se nos describe, como lo haría por ejemplo Tolstoi -uno de los autores más mencionados- los detalles de lo que se cena, ni el lujo en el vestuario.

Sabemos que es ese el entorno pero lo que se nos cuenta es el mensaje. De qué se habla en esos encuentros, qué peligros acosan a nuestro mundo que, por ejemplo, en el caso de Davos se explica que no es ya el 99% desfavorecido en contra del 1% de quienes tienen el dinero, como ocurrió en la Revolución Francesa, sino la lucha del tercer mundo contra el primer mundo.

También encontramos, visto desde dentro, el mundo de las mafias rusas. Nuevamente, entendemos que se trata de un entorno de lujo y especulación pero tampoco se recrea en este caso en la descripción de automóviles, locales, comidas o vestuario. Simplemente se nos presenta cómo es ese mundo desde dentro, de qué se habla, qué se hace…
Formalmente, tanto en el tamaño como en el tono, nos encontramos más ante una novela que ante un libro de ensayo.

El propio autor explica que lo que escribe no es una realidad objetiva sino su realidad. Hay nombres cambiados y cuestiones tratadas con evidente libertad creadora. Por eso, precisamente, se lee muy bien y resulta un libro ágil y entretenido. En la cubierta, una imagen de I Ching que es la que da título al libro <Conviene tener un sitio adonde ir> es una de las opciones que pueden aparecer en una tirada de I Ching. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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