“Juegos de la edad tardía”, de Luis Landero

Todos tenemos algo de Quijote

 Allá por los años 80 y 90 se escribían muchas novelas en las que no moría nadie. Simplemente, pasan cosas. El costumbrismo heredero de Benito Pérez Galdós y, de manera más remota, de Miguel de Cervantes.

Con el segundo hay un diálogo tan evidente que, al final de la obra se señala la intertextualidad y se menciona expresamente a la obra cumbre de Miguel de Cervantes.

Pero entremos en materia, Gregorio es un muchacho de barrio. Vive una infancia dura por haber quedado huérfano y tener que ir a vivir con su tío, que regenta un Quiosco. Su infancia es humilde y sin estudios oficiales, salvo las enseñanzas de su tío que, al volver del Quiosco, le enseña a leer, sumar, restar (…).

Sin embargo, su tío tiene algo de poeta y contagia al sobrino el afán, el afán de progreso, de ser alguien en la vida y de tener una existencia mejor que la de su infancia.

Se enamora de una chica y tiene un amigo. Antihéroe hasta la médula, Gregorio recibe el primer puñetazo del destino cuando ve partir en una moto a ambos –el amigo y la pretendida-

Sin embargo, el tío logra que ingrese en una Academia y allí conoce a quien luego será su mujer. También logra un trabajo de oficina pero el afán le llena la cabeza de pájaros. Más todavía cuando empieza a recibir las llamadas de Gil, un viajante que vive en una precariedad mayor que la suya.

Gregorio empieza a inventar una vida paralela, a escribir esos versos que siempre quiso escribir. Al final, se cree su propia novela y se siente más Faroni, su seudónimo, que Gregorio.

Al igual que Don Quijote, la locura le lleva a una aventura de fracaso y derrota que acaba con él en la calle, sin trabajo pero con la Amistad de Gil. Al igual que Sancho, Gil supone un canto a la esperanza, a la fantasía y advierte de que el afán puede llevar al triunfo o al fracaso.

Formalmente, se trata de una novela contundente de más de cuatrocientas páginas en la versión de bolsillo. Merece la pena llegar hasta el final porque es allí donde salen los consejos, las enseñanzas y las principales aportaciones del texto. En la cubierta, Faroni, con traje Príncipe de Gales, una pajarita roja y un ave emplumada en colores que nos indica que la fantasía tiene algo chocante, algo que chirría si no somos capaces de asumir con humildad nuestra realidad. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

 

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