“Trastos viejos”, de Moisés Regidor Parra

Parecen trastos viejos y son antigüedades

Aquí hay sitio para un Premio Nobel y para un autor minoritario. Es el caso del libro de hoy. Un libro plagado de versos que cantan con nostalgia a un mundo que en la ciudad es totalmente desconocido. Y ahí encontramos uno de los grandes atractivos del libro. Lo excepcional. En un mundo en el que se ven y conocen muchas cosas, a veces, es difícil encontrar algo que sorprenda.
Por ahí, remontándose al pasado, encontramos utensilios <viejos>, aunque el término sea poco comercial, que muchos de los jóvenes no han visto en su vida.
Ni siquiera alguien que peina canas ya pero que sea de ciudad, como es mi caso, conoce muchos de los objetos a los que se canta.
Sin lugar a dudas, la reina de los trastos viejos es esa Singer que aparece a color en la cubierta, preciosa ilustración que homenajea a la herramienta de trabajo por excelencia del poeta que se ganó la vida como sastre en ilustración de José I. Redondo Regidor.
Uno mucho más rebuscado es el hachero: <En la iglesia no se ve / lo que antaño se veía / aquel cuadro de madera / que cirios en él lucían> pp. 60-61 con magnífica ilustración de Jesús Olivet Arroyo.
Todo el libro está bajo el <Ubi sunt>; es decir, <¿Dónde están?>
En las páginas 68 y 69 se rinde homenaje a la botija, con características de identidad diferentes al botijo. Remata el poema Regidor Parra con este heptasílabo: <Olvidándonos de ella> Con excelente ilustración de Amelia Mateos.
En la página 120 el poeta canta al badil. Escribimos canta porque la estructura combina tipos en negrita y en texto normal lo que da énfasis y, sospechamos, ritmo musical:
<Pero ya desde hace tiempo / no me quieren, ya no sirvo, / hay otros recogedores / que hacen el mismo servicio>
Todos los textos tienen una voz nostálgica y entristecida que llevan a la compasión del lector. A que se tengan ganas reales de que el badil, por ejemplo, vuelva a la vida y cobre nuevo protagonismo en una serie de televisión o una película de época. De hecho, estaremos atentos por si viéramos este objeto en el cine.
Por último, la zoqueta: <Zoqueta eras cosa buena / para segar bien el trigo. / Hay que llevarte bien puesta / y dirán lo que yo digo, / que hace bien a la muñeca / y evita algún cortecito.> Ilustración de Daniel González Linares, hermano de José Ángel González Linares que es el Alma Mater de la edición.
En el último momento encontramos unos versos que abren el corazón a la esperanza y dan sentido a toda esta aventura: <Los mayores los añoran, / al joven le gusta verlos / y conocer su misión / o saber con precisión / para qué servían ellos.>
Formalmente, se trata de un libro ligero, de algo más de 150 páginas en las que la ilustración es tan relevante como el texto, como se ha dicho, preside la cubierta una preciosa Singer.

Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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