“Ofrenda a la tormenta”, de Dolores Redondo

Santa Bárbara y muchos Santos más

En el Club de Lectura se están intentando desgranar las claves de lectura de la narrativa policíaca de Dolores Redondo.
Una de ellas, sin duda, muy presente en esta “Trilogía del Baztán” es la de la Mitología en todos sus aspectos. Evidentemente, en el volumen que cierra la mencionada trilogía encontramos nuevas referencias a las de la cultura euscaldún o euskaldún –si lo prefieren- y se enlaza con los dos títulos previos –recordamos- “El guardián invisible” y “El legado en sus huesos”
Se escribió que Rosario, la madre de Amaia Salazar y protagonista indiscutible de la trilogía y personaje de éxito tal que sospechamos aparezca más en el universo Dolores Redondo, era una alusión a la divinidad romana de Saturno. Es decir, una reina que teme ser traicionada por su hija y que tiene que sacrificarla para seguir viviendo.

El origen de todo el enredo tiene ciertos aspectos pseudo religiosos ya que todo empieza en una comuna hippie allá por los años del baby boom. Allí conoció Rosario al posible –en la trilogía no queda muy claro quién es el padre biológico de Amaia Salazar- padre de la protagonista.

De allí surgieron ofrendas de niños que son todas las víctimas ofrecidas a divinidades euscaldunes o euskaldunes –si lo prefieren- que aparecen diseminadas en toda la trilogía.
El gran atractivo y la gran novedad de este tercer volumen es que encontramos por fin una seducción, la tentación que la Inspectora Estrella –como es denominada con cierta envidia por sus compañeros. Al fin y al cabo, un mundo eminentemente masculino- no puede rechazar.

Al otro lado del Atlántico, Ibai –El Hijo del Río- y su padre australiano llaman con tristeza y preocupación, casi desesperación, a la dueña de sus desvelos, a esa Madre que protege, acuna, se esfuerza una y otra vez en buscar la felicidad de todos.

Formalmente, encontramos un nuevo producto Redondo de más de cuatrocientas páginas en las que el verde del bosque encantado de este escenario poco habitual en el género -que suele ser urbano y superpoblado- conviven con el blanco nuclear y el azul de ese ojo que todo lo ve -que tiene nuevas reminiscencias mitológicas- Culmina así una gran trilogía de obligada lectura para quienes gusten del género.

Adolfo Caparrós

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