“Mi amigo Cervantes”, de José Villacís

Realismo Mágico a la española

Solamente un autor tan completo y complejo como el economista José Villacís podía tejer un libro en el que los del lado de allá estén tan presentes y sean tan protagonistas como los del lado de acá. Es decir, donde la literatura hispanoamericana se funde de tal manera con los clásicos españoles que es difícil deslindar qué pertenece a cada uno de ellos.

A parte, se trata de un libro con tal amplitud de miras que las letras árabes también tienen su presencia. Especialmente, en los capítulos en los que el protagonista se encuentra cautivo y feliz en Argel.

Puestos a sacar enseñanzas del libro, tenemos muchas.
Una, que es gracias a su habilidad como dentista, sacamuelas en la novela, como consigue muchas de sus piruetas económicas, salvar la vida y obtener prestigio y reconocimiento; otra, que gracias a la fantasía y la locura, si me lo permiten, el autor logra una actitud positiva que le permite ser feliz en circunstancias hostiles. Es más, esa fantasía y esa locura se contagian y gana los favores de muchos que se ven atrapados y seducidos.

En definitiva, se trata de dar una visión positiva de la locura. Una enfermedad maldita en muchos casos a la que genios como Salvador Dalí, Woody Allen, y ahora, José Villacís logran encontrar el lado divertido y positivo.

El argumento nos remite a una biografía disparatada, o quizás no tanto, de Miguel de Cervantes. Una historia que desmonta el mito del autor genial para convertirlo en una persona de carne y hueso que se gana la vida sacando muelas que gracias a ese oficio salva la vida y la de los suyos en más de una ocasión y que tiene una vida tan disparatada y tan intensa que da juego a la hora de contar historias.

Esas fantasías le dan la vida por un lado; le buscan la ruina, por otro.
En el último momento, su obra maestra es tenida por herética ya que hace apología de la locura, sobrepone el Amor a Dulcinea al Amor de Dios, presenta un lugar diabólico como es La Cueva de los Montesinos, donde el tiempo se detiene. En definitiva, esos problemas con la censura van a ser los que se lleven a uno de los mejores escritores de la Literatura Universal por delante.
Formalmente, nos encontramos ante un volumen en el que lo de <letra grande> no es un eufemismo, 600 contundentes páginas que se nos harán cortas porque la novela nos ha atrapado de tal manera que de buen grado habríamos leído doscientas más. En la cubierta, manchas de tinta, un molino, un Quijote que recuerda al Mago de Hoz, un guiño al mundo de la moda… En la contracubierta: flores, una cara sonriente y un unicornio que nos remite a que todo sea posible en el mundo de la fantasía.

Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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