“El mar sin fondo”, de José Antonio Vázquez

Transición, mujeres y asesinatos

No sé si alguno de mis lectores considerará exagerado hablar de un boom del género policíaco en la actualidad, tanto en lo referente a la literatura como al cine y las series. En todo caso, la oferta es amplia y a la hora de subir al carro hay que buscar un plus diferenciador que convierta a la lectura en algo nuevo e interesante frente a otras opciones de mercado.
En este caso, la apuesta es más que atractiva ya que nos presenta varios argumentos muy actuales que nos aportan una perspectiva interesante en lo relativo, por ejemplo, a la política.
Al hacer constantes saltos al pasado y vueltas al presente nos encontramos con dos escenarios totalmente distintos pero que tienen algo en común con el panorama político actual. Tanto en los 70 como ahora había que buscar puntos de encuentro, acuerdos necesarios para no hacer el ridículo a nivel internacional y lograr avances imprescindibles en el interior.

La dicotomía materialismo frente a idealismo parece vencerse del lado del idealismo en aquellos años 70 que se ponen una y otra vez como ejemplo a las generaciones futuras. Sin embargo, lo que se narra en la novela nos habla de un equilibrio magistral que logró movilizar a una gran mayoría que venía del estatismo absoluto en lo referente a la política y un progreso que habla muy bien de aquella generación que supo cambiar la cara al país.

En el otro lado, la cara oculta de los acuerdos secretos y de los repartos de pastel que, según cuenta la novela, pudieron ensuciar la imagen de políticos idealizados como ese ex-presidente ficticio que resulta asesinado y que supone el arranque de toda la trama policíaca.

Otra de las cuestiones es la de la mujer. Desde la mujer que en aquellos años 70 empezó a limpiar casas y sigue soportando las mismas palizas que entonces, arrastrando a una familia en la que el hijo tiene menos futuro que el que pudiera tener en aquellos años de reconstrucción. O la mujer policía que es tan responsable que no tiene familia ni vida social por un exceso de conciencia en el sentido de ser un gremio amenazado y peligroso en el que ve conveniente no implicar a nadie más. Muy oportuno en estos días este subrayado ya que tenemos frescas las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer.

La novela guarda una sorpresa final en este sentido que, evidentemente, no vamos a desvelar.
Como se aprecia en la reseña, la trama policial ha sido lo que menos me ha atrapado del relato. Está muy bien llevada y la tensión es más que correcta para que avancemos la lectura con la curiosidad de descubrir dos personalidades. Por un lado, la de ese expresidente que muere en el primer capítulo y la de ese Fantasma que reaparece del pasado convertido en un justiciero que, al parecer, mata por idealismo.

En la cubierta encontramos un pazo rodeado de nieblas nocturnas y azuladas que se rompen ante la irrupción de un personaje femenino de gabardina roja con medias y tacones elegantes, todo el misterio de la cubierta lo van a encontrar en el relato que hoy les presentamos.

Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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