La isla de las mil fuentes: la gran epopeya del Caribe, de Sarah Lark

la-isla-de-las-mil-fuentes-la-gran-epopella-del-caribe-de-sarah-larkMuy aclamada por su “Trilogía de Nueva Zelanda”, esta autora alemana que vive en España y escribe bajo seudónimo arrancó su saga “Biología jamaicana” con la novela que hoy nos ocupa.

Se trata de una reivindicación sobre abundantes cuestiones que se desarrollan en parajes idílicos que nos trasladan a la isla de Jamaica y al Siglo XVIII. Una época marcada por el abuso sobre los esclavos que arranca en un Londres victoriano y encorsetado en el que hasta los hombres de bien llevaban peluca.
Primera reivindicación esta, la de la libertad en la estética, la funcionalidad y comodidad en el vestir y en definitiva, una revolución en la indumentaria que llegará más tarde, en París, de mano de Cocó Chanel.
Damos por hecho que la mítica modista llevó a cabo lo que se venía reclamando desde mucho tiempo atrás.

Otra de las reclamaciones, o quejas, es la de los modestos oficinistas del Londres victoriano, explotados de tal manera, sin medicinas ni posibilidades económicas para vestir ni medicarse que morían de mala manera en los barrios miserables de Jack el destripador, llevado a muchísimos otros libros.

Pero el grueso de la novela se desarrolla en una Jamaica esclavista que en principio iba a ser un Locus Amoenus, un Paraíso y se convierte en un Locus Eremus, un auténtico infierno en guerra entre esclavos y dueños en el que los abusos están a la orden del día y las revanchas son brutales e implacables.

En todo este maremágnum brilla con luz propia Nora, auténtica heroína y motor del relato que vive peripecias propias de Zalacaín pero en faldas de esclava, con sus conocimientos de medicina, la complicidad con los esclavos, en especial con las esclavas con lo que se convierte en una auténtica aliada para las más desfavorecidas y perjudicadas.
En definitiva, una obra de arte que nos trasladará a parajes más cálidos y misteriosos en estos días en los que empieza a apretar el frío, los atascos están a la orden del día y nos encantaría fugarnos a esas playas de fina arena blanca aunque estuvieran en guerra civil con grave peligro de nuestras vidas con tal de evadirnos de la plúmbea y gris realidad del día a día.

Además, la evasión será duradera porque se trata de un compacto volumen de más de 650 páginas de pasta flexible que bien podrían acompañarnos todo el invierno. En la cubierta, una Isla paradisiaca, abundante caña de azúcar sin cortar, unas palmeras, el cielo se funde con la playa en azules que llegan al blanco en las nubes y dos personas, un muchacho de color vestido de blanco se detiene en el camino con la cabeza baja; unos metros más atrás, una mujer con falda florida que llega hasta el suelo -¿”El piano”?- y top de color liso tiene la misa postura y actitud que el hombre, cabeza gacha y brazos caídos.

Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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