El “e-book” quiere ser como el libro de papel

1474469845_212635_1474651686_noticia_normal_recorte1Las bibliotecas se reinventan en plena era digital. Idea’s Box lleva la lectura a los campamentos de refugiados

El libro electrónico cada vez se parece más al libro en papel. Los nuevos dispositivos con pantallas blanqueadas disponen de una autonomía de seis meses, es decir, imitan la página impresa y te los puedes llevar de viaje por el desierto, con la ventaja de pesar menos que un libro de papel y, sobre todo, de poder variar su contenido. No obstante, seguimos leyendo las novelas y los ensayos mayoritariamente en volúmenes impresos. No creo que sea casual que el auge de los libros electrónicos coincidiera con el de las tabletas, los ordenadores que más se parecen a los libros. Intuyo que si no se ha consolidado su uso es porque el teléfono móvil le ha ganado la partida a la tableta como instrumento de búsqueda, de comunicación y de lectura. De lectura de formas breves, no de las narrativas extensas que desde hace casi dos mil años leemos sobre todo en códices, el formato por excelencia de la idea de libro.

“Ya es tiempo de que los lectores comencemos a despegar el concepto literatura del de libro” escribió Mario Levrero en una de sus columnas o “irrupciones” de finales del siglo pasado. Denunciaba de ese modo un monopolio injusto en el imaginario colectivo. La literatura es también oral y digital. Y la novela hace tiempo ya que se ha emancipado de la literatura para convertirse en una estructura que da cuerpo a proyectos en cómic, transmedia, televisivos o de arte contemporáneo. En una idea que trasciende el ámbito donde por primera ver se formalizó. No es raro que así sea, porque la primera novela moderna, el Quijote, es un mutante inestable, una arquitectura difusa, un dispositivo complejo adaptable a los lenguajes y las tecnologías que cada época vaya brindado a las sucesivas encarnaciones de ese ente que Walter Benjamin denominó “el narrador”.

La idea de enciclopedia también se ha metamorfoseado en este cambio de siglo, dando lugar a Wikipedia, tal vez el proyecto popular más importante de inteligencia colectiva de la historia de la humanidad. Lo mismo ha ocurrido con la idea de biblioteca: no cesa de escapar de los límites del archivo de libros para actualizarse insospechadamente. Si los bibliobuses existen desde 1905 y los biblioburros desde hace casi veinte años, Bibliotecas sin Fronteras fue creado en 2007. En 2010, a petición de las autoridades locales, montó en Haití 30 tiendas de campaña biblioteca.

Fue el laboratorio de su más innovador proyecto actual: el Idea’s Box. Un kit que convierte en 20 minutos unos pocos contenedores metálicos en un aula, un taller multimedia, una biblioteca con 250 libros en papel y 50 electrónicos, un espacio que permite a los refugiados formarse, conectarse y crecer. Se ha calculado que la media de tiempo que se pasa en un campo de refugiados es de 17 años: es fundamental que no sea un tiempo perdido para el desarrollo intelectual, es decir, vital de sus habitantes.

El año 2000 nació en Copenhague la Human Library, tal vez el proyecto más radical en esa voluntad de mutar la idea de biblioteca. En ella los libros son personas. Personas que se titulan Bipolar, Musulmán, Alcohólico, Autista, Poliamorosa o Desempleado. Al tomarlas en préstamo, provocas una conversación: ése es el objetivo, en un mundo en el que cada vez hay menos contextos para el encuentro físico, para escuchar, para contrastar ideas. Curiosamente, la Human Library es al mismo tiempo una mutación hacia el futuro de la idea de biblioteca y un brutal retroceso.

Un retroceso que recupera el espíritu de la transmisión oral, del cuento alrededor de la hoguera, de los ancianos africanos que eran bibliotecas portátiles. No hay nada más humano: dos pasos adelante, uno atrás, otro hacia un lado, una finta, otro rodeo; como si bailáramos mientras escuchamos la música y leemos los cuerpos y el espacio.

Fuente: Carrión, Jorge, “El ‘e-book’ quiere ser como el libro de papel”. [En Línea]. El País. Disponible en: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/21/actualidad/1474469845_212635.html. [Consulta: 26/06/2016]

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