Nadie muere en Zanzíbar, de Fernando García Calderón

9788490674666Una huida apasionante

Hoy presentamos una novela de largo aliento con la que tendrán buena lectura para un montón de horas.
El protagonista huye de España a África donde comienza una nueva vida con varias identidades y varios perfiles desde los que va sobreviendo, haciendo negocios y saltando de un perfil a otro para evitar males mayores.
Desde esos perfiles va aprovechando su ingenio para los negocios y va creando un emporio en el que se benefician multitud de personas que trabajan en los buenos negocios que va organizando. Principalmente, agrícolas.
La guerra y el peligro son constantes y se ve obligado a huir y a jugar con sus perfiles inglés y árabe para salvar la vida.

En este sentido, se da la paradoja de tratarse de un hombre de grandes negocios, ingenioso hasta para comprar y pilotar una avioneta con la que suele huir de los peligros y, a la vez, organizar sus múltiples negocios.
Terminada la guerra, la situación empeora todavía más. Llega la hora del reparto de África, de los choques de etinias, de la vuelta a la democracia y de las luchas de poder.

Cada vez más, el bien entrenado ingenio tiene que ser más y más utilizado para salvar la vida. Llega el momento de ceder negocios, delegar en otras personas y seguir sobreviviendo.

La historia tiene la circunstancia de que el narrador es un familiar de este aventurero que decide encerrarse con los diarios de este personaje para compartir la historia de un aventurero apasionante.

Formalmente, como se ha comentado ya, se trata de un libro contundente, algo pesado y molesto de llevar. A cambio nos aportará muchos días de muy buena lectura, y la historia de una vida exótica y apasionante que nos ayudará a evadir estos días de vuelta a la realidad. En la cubierta, una mansión colonial rodeada de palmeras y un hombre, en este caso de blanco que nos observa desde la altura. Un hombre con la altura de miras que tanto se demanda hoy en día. Con la lectura de la novela, algo se tiene que contagiar de esa altura de miras en la que prima la supervivencia.

Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

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