No somos lo que leemos

eye-319668_1280-300x199Fue el escritor argentino Borges quién dijo: “somos lo que leemos, y nuestro cerebro se transforma literalmente a través de los textos que introducimos en nuestra mente”.

Pero con el título de este post “No somos lo que leemos” no pretendo contradecirle sino llamar la atención sobre la importancia de proteger la confidencialidad del usuario relacionada con la información que consultamos y con los libros que leemos en la biblioteca.Las bibliotecas siempre han tenido un compromiso con la privacidad, pero desde el 11S y la Patriot Act muchos bibliotecarios norteamericanos temieron que el Gobierno pudiera extralimitarse accediendo a registros de lectores.

En este contexto nace la iniciativa Library Freedom Project, una asociación de bibliotecarios, técnicos, abogados y defensores de la privacidad que tiene como objetivo hacer frente a la vigilancia con el fin de mantener el compromiso de las bibliotecas con la libertad intelectual.

De Library Freedom Proyect, TOR y las bibliotecas habló este mismo año Inma Herrero en BiblogTecarios. TOR es un software libre y una red abierta que ayuda a defenderse contra el análisis de tráfico como una forma de vigilancia y al que se están añadiendo nodos desde las bibliotecas públicas.

Frente a las voces que critican la iniciativa por la posibilidad de enmascarar actividades ilegales, desde este colectivo tratan de recordar que esta vigilancia se utiliza especialmente contra los grupos vulnerables, mencionando los que sufren violencia doméstica, las minorías étnicas y raciales y las comunidades LGTB, que merecen la privacidad y la seguridad que proporcionan conexiones HTTPS desde la biblioteca.

La IFLA avala en agosto de 2015 la Declaración sobre la Privacidad en el Entorno Bibliotecario que pretende servir de referencia en este entorno en el que “La intimidad de los usuarios de las bibliotecas puede verse comprometida como consecuencia del uso de búsquedas o aplicaciones de redes sociales en la Web o del uso de contenidos y plataformas de bibliotecas que recopilen datos de los usuarios finales”.

Poco podría haber hecho Murakami en su adolescencia cuando en la biblioteca se registraban a mano en una ficha los libros que leía; datos que fueron divulgados por un periódico al que la Asociación de bibliotecarios japoneses acusó por violar la privacidad del escritor.

En la actualidad son los programas de gestión bibliotecaria los que gestionan y conservan la información de sus usuarios y, siguiendo el principio de independencia entre las aplicaciones y los ficheros que contienen los datos, son las bibliotecas las que deben proteger esos ficheros siguiendo la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal (LOPD).

Las bibliotecas deben evitar que las plataformas que se utilizan en el entorno bibliotecario recojan datos de sus usuarios con fines comerciales o, incluso, con fines de vigilancia gubernamental.

En definitiva, las bibliotecas deben proteger la privacidad de sus usuarios, más aún cuando se habla de conservación de unos datos especialmente sensibles como son las transacciones de préstamos ya finalizados por un lector. En definitiva, aunque no negamos que somos lo que leemos, lo que queremos es ser tan libres como la lectura.

Fuente: “No somos lo que leemos”. [En Línea]. Biblogtecarios. Disponible en: http://www.biblogtecarios.es/anaordas/no-somos-lo-que-leemos/. [Consulta: 02/09/2016]

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