“Relatos”, de Félix de Azúa Mucho más que literatura breve

Relatos, de Félix de AzúaLeer los relatos de Félix de Azúa consiste en leer los relatos de un ensayista, de una persona que se dedica al análisis y a la creación. En este caso, la cuestión se acentúa al tratarse de una edición erudita de la Colección Letras Hispánicas de Cátedra -775-

Quiero decir con esto que se trata de relatos de un nivel de lectura profundo, misterioso, complejo y que es más que recomendable adentrarse en la guía de lectura que presenta Mario Crespo López antes de querer zambullirse en ese mundo apasionante y misterioso que presenta el siempre interesante Azúa.

Es más, quienes estén acostumbrados a sus columnas o intervenciones en radio descubrirán un nivel más complejo y exigente en esta faceta literaria. Es decir, la gracia de sus cuentos está precisamente en eso, en analizar y descubrir el mensaje que nos llega en una botella lanzada al mar. Son relatos que nos enviaran un mensaje distinto a cada uno.
Por ejemplo, “La segunda cicatriz” a mí me ha llegado especialmente por varios motivos. Primero, porque alguien puede querernos tanto que aunque a su lado haya una sombra, un muerto vivo, que es una expresión que plasma muy bien la idea del relato, prefiere esto a prescindir de nuestra presencia. Segundo; enlaza esto con los hospitales en los que hay personas aferradas más a máquinas que a personas prescindiendo de su propia vida, de sus propias ilusiones por estar al lado de alguien que ni siente ni padece, dicen que vegetales.

“Quien se vio” nos acerca a varias cuestiones bíblicas. El deseo de la vida de otro, ya no solamente de su mujer, sino de su puesto de trabajo, de su vida y de todo lo demás. En definitiva aquello que Unamuno bautizó como el <pecado nacional>, la envidia.
No contento con esta alusión, enlaza con otra, la maldición de a quien esto le pasa. Aquello de <si tu ojo te hace pecar> ya que de los sentidos, el más poderoso es el de la vista, los ojos son los primeros en corromper nuestro juicio y meternos la envidia en el cuerpo.

En definitiva, relatos duros, profundos que pueden llegar por los motivos que llegaron a este modesto analista o por otros diferentes. Esa es la gracia de una literatura tan ambigua, que tiene un mensaje explícito y muchos mensajes implícitos, a veces puede variar tanto como poner el foco en unos personajes o en otros.

Literatura fragmentaria y exigente que nos hace pensar, gran cosa y maldita cosa a veces esta de darle vueltas a la noria. Una obra que ocupa unos escasos cientos de páginas pero que amplificará sus páginas por el impacto inequívoco que ejercerá en nuestras mentes y en nuestras conciencias. En la cubierta, sobre el fondo negro y elegante característico de la colección un retrato de Félix de Azúa tan ambiguo como sus relatos. Habrá quien opine que se trata de una caricatura, habrá quien vea ahí un retrato o el dibujo de un niño. Juzguen ustedes mismos, yo intento ser objetivo hoy.

Que los disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

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