“Tierra de fuego”, Mario Diament

Tierra de fuegoLas segundas oportunidades

Con un inicio abrupto y, por una carta, nos enteramos de que la mejor amiga de Yael, interpretada por Alicia Borrachero, ha muerto en un atentado terrorista a manos de su vecino y amigo Hassan, interpretado por Abdelatif Hwidar.
Una obra de tremenda intensidad que atrapa al espectador desde el primer momento. El aviso de que se apagaran los teléfonos móviles se hizo innecesario ya que captó a la sala entera gracias a una historia que enlaza con un tema muy actual, las crisis humanitarias y los refugiados árabes.

Yael propone a Hassan un encuentro en la cárcel después de 23 años de presidio en Londres. Sin embargo, sus hijas de 12 y 16 años y su esposo Ilán, interpretado por Tristán Ulloa, no entienden ese interés de Yael en entrevistarse con quien cometió aquel atentado.
Dos amigas, dos azafatas y su vecino Hassan, el amor de su vida, se ven destrozadas por esa inquina por una tierra que lleva más de 2000 años en conflicto.
Dolor a raudales que no aporta ni a Hassan, con la vida destrozada; ni a los padres de la azafata, que se sienten <como si les hubieran arrancado el corazón>; ni a Yael, que ve con decepción y tristeza cómo su gran amor se va deteriorando por el odio y el rencor. Hay otro personaje clave, el abogado, el mediador, interpretado por Hamid Krim, el encargado de mitigar dolores y, lo más importante, cambiar mentalidades que lleven a nuevos a cuerdos y a nuevas formas de ver el conflicto.
Intensa también la música y percusión interpretada por los propios actores y el movimiento de una mesa que va acercándose y alejándose como símbolo de la negociación, una manera de acercar y alejar posturas.
El amor de Yael es tal, que se enfrenta a todo: medios de comunicación, desprestigio social, soledad por un ideal, etc. Hassan logra un perdón a quien se ve envuelto irrevocablemente al mal. Un mal que produce un dolor peor que el de la muerte y que solo puede ser compensado con amor. Un perdón que permite una vida de segunda pero que hace feliz a quien no ha tenido nada más que dolor y remordimientos.

Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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