Al amor de ella, de Diego Martínez Torrón

Al amor de ella, de Diego Martínez TorrónUno piensa que puede interesar

Cada vez que hacemos una fotografía, grabamos o compartimos algo en las redes sociales o escribimos algo, lo hacemos con la esperanza de que sea de interés. Con la idea de que a alguien le pueda servir, aunque solamente sea para recordarle a uno.
Me da la sensación de que ese ha sido el homenaje que ha regalado Diego Martínez Torrón en su libro. Un homenaje a esa persona que le ha acompañado toda su vida en su labor poética, que ha escuchado música a su lado, ha viajado con él y ha compartido experiencias que ahora aparecen esta “Poesía completa (1974-2014)” editada por Alfar. Una edición anotada y comentada por el propio autor que marida microrrelatos con poesía.

De hecho, a veces encontramos la cara más épica de la poesía. Es decir, aquella que es más narrativa.
Es un volumen compacto y contundente que atesora toda una vida dedicada al amor. Por eso, yo también entiendo que ha merecido la pena editarlo en papel.
Somos muchos los que hemos perdido, por avería o caducidad, un ordenador en el que había años de trabajo, fotografías, escritos, trabajos varios… No le hemos dado mayor importancia porque no hemos valorado nuestro propio trabajo. Con esta reflexión, más bien con la contraria, Diego Martínez Torrón se lamenta de muchos escritos perdidos. Otros, sin embargo, los había dado por perdidos y aparecen en un cajón, de manera fragmentada y en la antesala del archivo de varios –la papelera-
Con las redes sociales pensamos que esto está resuelto, que allí va a quedar toda nuestra vida para quien le haya interesado. Craso error. ¿Qué ocurre con nuestro Twitter o nuestro Facebook el día que faltamos? ¿Hemos dejado a alguien nuestras claves para que pueda salvar los muebles al menos? Me temo que la mayoría no. Decimos, <el día que yo falte, que hagan de mi culo sopas> Siento el refrán pero es muy oportuno, sin darnos cuenta de que puede haber mucha gente que nos pueda echar de menos.
Justo, Fernando López Guisado ha escrito un microrrelato que habla de sombras y de espejos en los que uno se ve sin saber si está o solamente estuvo algún día. Por cierto, magníficamente ilustrado por Eugenio Rivera a lo Antonio López, me atrevería a decir.
Me siento mal porque siento que estoy echando un sermón que me echo a mí mismo. Supongo que sí, que debemos valorar nuestro trabajo, que aunque solamente haya una persona a la que le pueda interesar ya merece la pena agrupar, recopilar y publicar.
Como ya he comentado el esfuerzo titánico de esta edición y su contundencia, me demoro en las sombras femeninas que aparecen en la cubierta. Sombras nocturnas y lunares que evocan a una mujer. Me acuerdo de mi buen amigo Roberto, fallecido antes de que llegara la fiebre del Facebook y de cómo sus padres se las vieron canutas para encontrar una fotografía que poner en la lápida. Tétrico para una tarde de viernes tan bonita y soleada pero hoy toca esto.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura    

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