El sencillo arte de desvanecerse, de Eduardo Gallarza

El sencillo arte de desvanecerse, de Eduardo GallarzaUna siesta nunca es mal recibida

Autor de “El soviet de los vagos”, Eduardo Gallarza es de los que opinan que el mundo tiene múltiples opciones y cada uno va encontrando acomodo en su lugar.
Así, en el libro de relatos que hoy presentamos, el primero de ellos –“Fotos y letra impresa”- se nos presenta a un bibliotecario que trabaja en un casino. Allí, sin muchas más expectativas que contar los tantos de las partidas de billar de los socios y atender de vez en cuando a los usuarios de la biblioteca, pasan sus días sin más pena ni más gloria. Sin embargo, el hombre se ha adaptado a aquello.
En sus comienzos, tenía la esperanza de la docencia, un gremio en el que es fácil descarrilar. En “Las partículas elementales”, de Michael Houllebecq; encontramos un caso parecido. El caso es que el hombre ha asumido su rol en la sociedad pero tiene la posibilidad de salvar a un alma gemela. Un profesor recién llegado de Gran Bretaña con un problema similar. Por si fuera poco, el recién llegado, un poco tímido, acude a la biblioteca y gasta casi toda la velada conversando con el bibliotecario.

A la hora de volver a casa, aparece su <padrino> en escena que le presenta a las personas que habían estado buscándole toda la noche. De ese encuentro con el bibliotecario surge la idea maestra y un trabajo de estos por los que muchos matarían, con subvenciones, bendiciones varias, presupuesto, plató de televisión… En definitiva, una auténtico chollo.

El segundo desvanecido del libro es el protagonista de “Otro continente” En este caso, un fotógrafo que trabaja en la antigua Yugoeslavia comunista. El lobo-fotógrafo se dedica a trabajos habituales en el gremio: bodas, bautizos, comuniones… Sin embargo, su afición, el instinto cazador del fotógrafo-lobo, le lleva a ir descubriendo caras conocidas al tener demasiado tiempo libre.
Organiza sus propios puestos de caza y encuentra abundante material hasta el punto de verse acorralado por una trama de corrupción, tráfico de armas y de más, a su vez, resulta cazado por quien se ha enamorado de él.
El libro se completa con los relatos: “Allá a lo lejos”; “Luz cerrada”; “Alguien como es debido” y “Las alas del hipogrifo”.
Formalmente, estamos hablando de un libro ligero, manejable, casi de bolsillo, con unos relatos que se pueden ir terminando en una o dos jornadas. Ideales para estos días da avión, puentes, fines de semana con bus o tren entre medias… En la cubierta, una imagen muy adecuada. Una figura que se desmaya en el césped a la orilla de un arroyo. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura    

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