Un perro, de Alejandro Palomas

Un perro, de Alejandro PalomasLos que leemos en el transporte público y nos metemos en los libros que llevamos como quien se zambulle en una piscina, corremos grave riesgo de que nos tomen por locos de atar. Según qué libro esté uno leyendo, las risas serán miradas con cierto recelo. Sin embargo, si llevamos el libro que hoy recomiendo. Les recuerdo, “Un perro”, de Alejandro Palomas –Destino- será complicado que le vean a uno tocado en lo más profundo de las entrañas e hiperventilando para evitar una llantina.

Así son los libros de Alejandro Palomas, directos a los puntos más sensibles de nuestra naturaleza. Una familia de cuatro miembros y algunos canes que son casi personas. Cuatro náufragos en una balsa que no termina de estar a la deriva gracias al empeño de todos ellos y a la piña formada por cada uno de ellos para protegerse y ayudarse contra viento y marea.

Hay varias intertextualidades que enriquecen tremendamente la lectura del libro. Sin duda, “Naufragios y rescates”, de Óscar Sancho. En la versión de Palomas, son varios los naufragios atendidos y una familia luchando a destajo por sacar la barca a flote. Es precioso y estremecedor ver el cariño de cada uno de ellos hacia los demás, cómo se protegen, cómo callan, cómo los silencios se convierten en comunicación cómplice, una comunicación que piensa antes en el otro que en uno mismo.

Ahí, entra otro libro que encuentro replicado de alguna manera, “Los libros arden mal”, de Manuel Rivas. Un libro en el que los silencios tienen muchos matices e interpretaciones. En tiempos de guerra, la civil en el caso de Rivas, el silencio es un salvavidas. En el caso de Palomas, el silencio es una espera que busca el momento adecuado para salir a la luz. Es un silencio cómplice en el que, quien calla, busca estar preparado para decir; y quien escucha el silencio, va interpretando y preparándose para recibir la información textual y explícita.

Hay otro libro que tiene que ver sobre naufragios. No sé si hay intertextualidad o no, pero añado yo mi propia intertextualidad en caso de que no la haya aportado Palomas. Me refiero a “Madera de boj”, el último libro de Camilo José Cela. Un libro en el que el naufragio implica rapiña. En el que encontramos una dicotomía en la que el naufragio saca a la luz a los que ayudan y a los carroñeros que intentan aprovecharse de esos restos del naufragio y la desgracia. Lamentable realidad que destapa otro aspecto de la naturaleza humana.

No he dicho nada del argumento, ni casi de los personajes, ni mucho menos ha sido mi intención. Les anticipo que es un libro que van a leer hasta la última página. Que será muy difícil, por muy duros que sean, que no lloren, aunque sea un poco, leyendo el libro. Lo demás, tendrán que descubrirlo en el propio libro o en alguna otra reseña, porque Alejandro Palomas es un auténtico fenómeno que, si no conocen ya, no tardarán en conocer. Madera de gran escritor, persona cercana y amable, lo tiene absolutamente todo para ser lo que es ya. Un grande de nuestras letras.

Formalmente, encontramos una novela al uso, lo que cualquiera de nosotros imaginaría al pensar en una novela de toda la vida. Extensión justa para dejarnos con ganas de más sin quedarse corto, letra cómoda y amigable, y una cubierta en blanco con ese R –el perro protagonista- que al final encontrará un nombre. Desde luego, no pienso desvelar cuál.

Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura    

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