Los lectores de dispositivos de lectura electrónicos absorben menos información que los lectores de libros tradicionales

picture.phpAnne Mangen, investigadora de la Universidad Stavanger de Noruega, llevó a cabo un estudio en el que ella quería saber si había diferencias en la comprensión de un texto dado leído en Kindle o en formato impreso.

En el estudio participaron 50 sujetos que tuvieron que leer un cuento de Elizabeth George, la mitad en un dispositivo de tinta electrónica (Kindle), y la otra mitad en una edición de bolsillo en rústica.

Después de la sesión de lectura, se llevaron a cabo varias pruebas para averiguar si existían diferencias en cuanto a la comprensión lectora de los textos entre uno y otro formato. Las pruebas revelaron que los lectores en Kindle realizan igualmente bien la comprensión del texto, excepto cuando se trata de recordar el orden de los eventos de una historia. Los lectores de Kindle obtuvieron peores resultados al recordar 14 eventos de la historia en el orden correcto respecto a los lectores de libros tradicionales. “Cuando se lee en el papel se puede sentir la evolución de la lectura con dedos de la mano derecha sobre las páginas, existiendo un sentido del progreso a través del tacto, más allá de lo puramente visual”, comento Anne Mangen.

Las diferencias con los lectores en dispositivo electrónico podrían tener que ver con el hecho de que la fijación del texto sobre el papel, al tratarse de un espacio delimitado, existe un despliegue gradual del transcurso de la historia a medida que se avanza en el texto. Se trataría de una especie de percepción de los sentidos, que tiene que ver con el apoyo táctil a la sensación visual de progreso cuando se está  leyendo. Tal vez esto ayuda de alguna manera al lector, proporcionándole más fijeza y solidez al sentido que tiene del desarrollo y progreso del texto, y por lo tanto de la historia.

Si bien esto también tiene que ver con un sentido Darwinista, pues los individuos hemos adaptado nuestra mente durante más 500 años a una forma de lectura secuencial, y aún quede por que desarrollemos y adaptemos nuevas formas de lectura no lineal propias del mundo digital, que no tienen que ver con la dimensión limitada del texto impreso, tal como ocurre en el espacio analógico. Ya que en el entorno digital se están produciendo nuevas prácticas comunicativas, a través de nuevas estructuras y géneros discursivos que están caracterizados por la no linealidad y la interactividad. En el contexto digital el libro se involucra con el software y se convierte en software. No en vano una de sus manifestaciones más innovadoras y rupturistas es la obra convertida en aplicación, en “app”, involucrando todo tipo de desarrollos y prestaciones multimedia, que incluso incorpora un concepto más amplio, la obra se hace transmedia, esto es el desarrollo de un contenido sobre varios medias diferenciados, lo cual abre las puertas al mundo de cualquiera de los sistemas de comunicación, convirtiéndose en una interfaz compartida.

La historia de la escritura es la historia de la socialización de la misma; la invención de la imprenta incrementó exponencialmente, las audiencias e incluso el vocabulario disponible, de varios miles de palabras en el siglo XV, a un millón en la actualidad; de manera similar la llegada del libro electrónico ha amplificado considerablemente la capacidad de lectura gracias a la naturaleza social de los contenidos que se imbrican en la cultura compartida de la filosofía de la web 2.0. Esta yuxtaposición de sus líneas fronterizas ha creado espacios novedosos y cambiantes en los que el concepto de libro se ha extendido a territorios antes inexplorados, lo que a su vez está repercutiendo en su visibilidad. Si a menudo se pone de manifiesto que la llegada de la digitalización está acabando con el libro y la lectura, las prácticas generales de lecto-escritura se están incrementando. Ahora más gente escribe, más gente lee, más autores publican a través de diferentes géneros como pueden ser blogs, prensa o redes sociales. Y al albur de todos estos cambios el mismo concepto de libro cambia.

Mientras los libros impresos han privilegiado la abstracción y la conceptualización, las nuevas tecnologías han permitido la configuración de nuevas identidades expresivas, donde el orden cognitivo, emocional y sociocultural, está siendo sustituido. Aún no sabemos de manera definitiva si esta nueva realidad es un cambio en positivo o en negativo en unos u otros aspectos. Muy frecuentemente nos encontramos con titulares de prensa que nos dicen una cosa o la contraria, que se lee más, que se lee menos en digital, que se lee más despacio, o más deprisa, que lo digital contribuye a una lectura no concentrada y dispersa, o bien que la percepción de la lectura no es sólo visual, y que las nuevas tecnologías favorecen un aprendizaje multimedia más completo; en la mayoría de estos casos los estudios cuentan con muestras muy fragmentadas y a veces apriorísticas de sólo unos pocos lectores analizados. Por ello debemos de ser prudentes, y esperar que haya estudios más amplios y contrastados.

En el cambio de lo analógico a lo digital el libro objeto desaparece y se convierte en una intefaz que se imbrica perfectamente con el software, en la que cobran importancia el acceso, lo abierto, la comunicación y lo social, conformando más como un sistema de comunicación que como un objeto. Los libros devienen en  una experiencia compartida en un lugar en red, y la lectura que siempre fue social, se hace más SOCIAL. De este modo la «lectura social» se desarrolla en entornos virtuales en donde el libro y la lectura propician la formación de una «comunidad» y alguna forma de intercambio. Es un espacio de intercambio de información y de comunicación horizontal, donde las obras se evalúan, califican y etiquetan. Es habitual que los lectores compartan información sobre libros impresos y electrónicos que poseen, libros que han leído, libros que están leyendo, los que quisieran tener, y los que quisieran llegar a leer algún día.

Por lo que podemos decir que se está produciendo una asincronismo entre la progresión rápida de la tecnologías de la comunicación, por una parte, y la evolución de las prácticas de lectura de los usuarios por otra; originándose una asimilación lenta de estas por parte de las instituciones. Si bien es preciso tener en cuenta el cambio natural de las generaciones de lectores, que se ven directamente influenciados por las mutaciones inducidas en cuanto a los dispositivos y las practicas de lectura. Y será esta primera generación que comienza a tener contacto desde la infancia con los dispositivos de pantalla táctil, tablet y smartphones, la que hará parte de su aprendizaje de lectura y de escritura sobre estos dispositivos digitales, y la que marcará sin ninguna duda la ruptura con el soporte impreso. Por lo que es preciso pensar la lectura más allá del libro, en un contexto de computación de lo real, con libros electrónicos que presentaran narratividades reticulares, no lineales, en un contexto aumentado de web en tiempo real, y de soportes de lectura que utilizarán nanotecnologías de almacenamiento. El futuro está por escribir.

Fuente: “Los lectores de dispositivos de lectura electrónicos absorben menos información que los lectores de libros tradicionales”. [En Línea]. Universo abierto. Disponible en: http://universoabierto.com/2016/01/07/los-lectores-de-dispositivos-de-lectura-electronicos-absorben-menos-informacion-que-los-lectores-de-libros-tradicionales-2/. [Consulta: 20/02/2016]

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