Sombras de Ningurán, de J.M. Otero Lastres

Sombras de Ningurán, de J.M. Otero LastresNingurán o Nigrán es un precioso lugar que sirve de escenario principal a una trama interesante, curiosa y  con unos tintes realistas que hacen sospechar en que la historia se fundamente en hechos reales.
La narración arranca con la exhumación de un cadáver al que hay que hacerle unas pruebas de ADN por un pleito referente a una paternidad extramatrimonial. Partiendo de esos hechos, la novela, les recuerdo, Sombras de Ningurán, de J.M. Otero Lastres –Editorial Espasa Narrativa- va entrelazando pasado y presente de manera que conozcamos los orígenes de esa presunta paternidad que se quiere juzgar. Quienes lo hayan pensado, sí. El autor es el directivo del R. Madrid.

A parte de lo curioso de la historia, hay dos cuestiones que han despertado notablemente mi interés y posiblemente despierte el de muchos lectores.

Por un lado, un protagonista tan bien perfilado, contado con tal lujo de detalles y con una profundidad psicológica que da mucha luz sobre la manera de pensar masculina y los sentimientos que se tienen en esa evolución desde la adolescencia en adelante que tiene bastante de original.

Digo original porque cada vez es menos habitual encontrar un protagonista con tanta presencia, que explique tan bien sus sentimientos sin tener, como mínimo, un contrapunto del mismo o más peso que haga ver la postura femenina. En la historia de la literatura se ha considerado que las lectoras, muy mayoritariamente, son femeninas y, no solamente eso, sino que se ha dado por hecho que a las lectoras no les interesan estas cuestiones.
Sin embargo, autores que han abordado sin complejos estas cuestiones, como Michael Houellebeqc, Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte alternan duras críticas por su machismo con un buen número de lectoras que agradecen esa sinceridad y que, a veces, hasta reconocen que realmente piensan como alguno de sus personajes.

El segundo punto de interés es esa ambientación que da a la prosa un ritmo que se da en las letras gallegas y que llevaron a nada menos que todo un Premio Nobel de Literatura para Camilo José Cela. Por algo sería. Ese aire que tiene la expresión, la ambientación, el tempo narrativo y el toque pintoresco que siempre se va a encontrar en las tierras gallegas hacen que el lector que guste de este tipo de motivos, por ejemplo, un servidor, vayan a disfrutar especialmente la novela.

Volviendo a nuestro protagonista, Manuel Antonio Yáñez -Mualdi-, tiene la circunstancia de haber vivido en una zona bastante tradicional, Galicia y en una época muy distinta a la que se vive hoy en día. Quienes lo lean notarán el avance notable en cuestiones de igualdad pese a que sea algo que se debe seguir educando para que cambien las formas de pensar.

En concreto, nuestro Mualdi tiene el vicio del juego. Una ruleta, por ejemplo, se transforma en un auténtico hipnótico que hace al protagonista perder el uso de razón. Le supone tal desgaste y concentración que después de una buena timba de ruleta o de póker termina fundido y habiéndose llevado por delante todo lo que ha ido encontrando. Es uno de los grandes temas del libro, la adicción y cómo, quien la sufre, pierde cualquier control sobre sus actos y sus pensamientos.

Podría contar muchas más cosas. Por ejemplo, que muy al principio de la historia, la viuda contrata los servicios de una médium para hablar con su marido. Hay unas palabras muy evidentes pero no termina de encontrarles el sentido. Es otro ejemplo de cómo el autor sabe explicar el funcionamiento de la cabeza en estos casos. Por evidente que sea lo que tiene uno delante, es incapaz de verlo porque está cegado o cegada en este caso, por el estrés o por el amor. En definitiva, a veces nos morimos por sentir intensamente sin darnos cuenta de que esas sensaciones fuertes nos ciegan y nos apartan de la cruda realidad.

Formalmente, se trata de una edición ligera, manejable y con el número de páginas exactos para que no falte ni sobre nada. Como estamos en días de agua y frío, leer esta novela puede ser el complemento ideal a un buen caldo gallego muy calentito y una tarde de sofá y buena lectura. En la cubierta, un color verde que recuerda más a un río que al mar y una caricatura que presenta un rostro masculino con ojos de dos colores y unas gafas partidas en dos. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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