Las ruinas, de Rafael Reyes-Ruiz

Las ruinas, de Rafael Reyes RuizSin ser un libro de viajes, quien emprenda la lectura de este libro se va a ver trasladado en el espacio y en el tiempo; también en el lenguaje que es otra manera de viaje ya que la expresión nos traslada a otras culturas; y por supuesto, el alma y la imaginación, en ese sentido, la cultura oriental es muy propicia a estados de conciencia distintos y en el libro encontramos varias pérdidas de la misma. Desmayos que hacen volver a la consciencia en unas circunstancias extrañas que solamente se pueden entender después de leer el relato.

Entiendo que debe ser parecido a volver de una hipnosis aunque nunca me hayan hipnotizado que yo sepa.
Para centrar el argumento y al protagonista diremos que en Las runias, de Rafael Reyes-Ruiz –Editorial Alfar- encontramos a un profesor de universidad descansando después de un curso intenso en el que está preparando proyectos para el siguiente. Hasta ahí, lo más normal del mundo. Sin embargo, la visión de una chica muy parecida a un amor que tuvo hace 25 años le descoloca buscando su primera ruina. La vuelta a un amor del que había pasado página. Un cierre de etapa en falso que vuelve con fuerza para convertirse en una obsesión.

Encadenada con esa ruina llega la segunda. El gran proyecto que había preparado para el curso siguiente es denegado sin muchas más explicaciones, algo que le descoloca más todavía para agravar obsesiones en un cóctel inoportuno en el que la falta de sueño, saltarse comidas, exponerse al sol en exceso y volver una y otra vez a las mismas obsesiones llevan a esos desmayos que hemos señalado y a que nuestro protagonista despierte de uno de ellos en la consulta de un médico.

Es curioso porque parece que ese médico sabe mucho más de lo que parece y da a nuestro profesor un hilo de Ariadna por el que seguir su camino. Casualmente, un hilo que le lleva a Mónica, ese amor de hace 25 años que ahora le obsesiona.
Si faltaban ingredientes, resulta que este profesor íntegro y culto recibe en Facebook una invitación de amistad de esa chica que ha levantado la liebre de la tal Mónica de hace 25 años. Dando vueltas al asunto llega a la conclusión de que podría ser su hija.
Voy a ser muy malo con mis lectores. Solamente diré que este profesor con ruinas varias vuelve a Japón y encuentra un escenario que empieza a motivarle. Viajar buscando las raíces de los emigrantes portugueses en Japón. Un calendario docente tan facilón que no tiene ni que preparar temario. Un cambio de departamento que le vuelve a llevar por la senda viajera que desea. Y por si fuera poco, una alumna de doctorado que ha estado en un retiro budista y que viene transformada, guapa y dispuesta a continuar su historia de amor en el punto que había quedado. Trae la mente muy fresca a la hora de enfocar sus confusiones mentales. Hasta ahí puedo contar.
El aspecto formal nos lleva a un libro de falso bolsillo, manejable y muy oportuno para estos días en los que llevamos prendas de abrigo con bolsillos más grandes en los que es muy probable que quepa el libro. En la cubierta, no podría ser de otra manera, un plano del siglo XVI que es una de las épocas a las que se remonta uno de los viajes en el tiempo que propone la novela. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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