Jota, caballo y rey, de Daniel Samper Pizano

   Jota, caballo y rey, de Daniel Samper PizanoUna novela de dictador para el tercer milenio

No es solamente una novela de dictador pero tiene la ironía, el deje, la gracia y el gancho de una de esas novelas que escribiera en su día Ramón del Valle-Inclán con Tirano Banderas o Miguel Ángel Asturias con El señor presidente.

En su día quise hacer un artículo erudito de literatura comparada y me puse manos a la obra. Compré las más relevantes y las coloqué juntas en una estantería. Al final no tuve tiempo de culminar el proyecto pero ahora me llevo la sorpresa de que la novela de dictador sigue viva y coleando con un autor que tiene el sedimento de la tradición satírica que viene desde mucho más allá de Valle-Inclán. Ambos, Valle-Inclán y el autor de nuestra novela de hoy, les recuerdo, Jota, caballo y rey, de Daniel Samper Pizano –Editorial Alfaguara- son herederos de Francisco de Quevedo, Apuleyo, Petronio Árbitro y todo el que al agarrar la pluma o el teclado haya querido dar a su escrito ese tono mordaz e incisivo de la sátira.

Por otro lado, bien se nos hace ver en la contracubierta, entra también en otra tradición que es la obra de iniciación, célebre es la saga de Pío Baroja bajo el título, La lucha por la vida; también un libro de un éxito constante que siempre tiene su público, El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger y el de otro autor mucho más parecido, Los cachorros, de Mario Vargas Llosa.

En cierta medida, la historia que más nos va a gustar es la de ese adolescente narrador protagonista que nos cuenta cómo un rey, realmente un dictador, ganó la popularidad y la fama gracias a una hija ilegítima, entiendo que la sota y fue derrotado por un caballo, el célebre Triguero que acaparó portadas de periódicos y popularidad a costa de el general Gustavo Rojas Pinilla.

En definitiva, la clave de la novela está en una escena en la que la hija del dictador exhibe ante un ministro que además es su novio y el propietario de ese caballo que luego eclipsará al dictador, un despliegue de recortes de periódico en los que se presenta a Rojas como el nuevo Simón Bolívar, el salvador de la patria. Es en ese momento en el que el ministro le hace ver a la chica que la popularidad sin un plan de reformas y una labor importante de estadista de bien poco sirve.

Al final nadie hace caso y siguen en un afán absurdo de lograr popularidad a costa de convertir el palacio presidencial en un zoológico digno del mismísimo Apuleyo. En esas escenas del palacio presidencial se reirán y mucho y en la historia del adolescente se sentirán identificados como no puede ser de otra manera porque todos hemos sido adolescentes.

Lo demás, mejor que lo disfruten con sus ojos.

Formalmente, estamos ante una novela contundente pero no pesada gracias a tres claves de amenidad. Primera, el lenguaje trufado de expresiones colombianas y el escenario dan un colorido excelente; segundo, la combinación de dos historias paralelas nos mantiene entretenido porque es casi como simultanear dos novelas; tercera, los toques de humor, muy bien seleccionados, nos harán quedarnos con ganas de más e ir demorando el tempo lector para seguir disfrutando el relato.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura  

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