Abro mi pensamiento, de Alfredo García Gárate

Abro mi pensamiento, de Alfredo García GárateLos juristas tienen alma y corazón

Es curioso que por vecindad en el aula del Club de Lectura de la Biblioteca del CEU San Pablo haya conocido al autor de este libro. La casualidad se redobla cuando estamos leyendo Marinero en tierra, de Rafael Alberti. Al leer el libro que hoy recomendamos me encuentro una presencia constante del líquido elemento, ya sea en forma de lluvia madrileña o de mar misteriosa y sensual en una localización más indefinida.

Es cierto que esa intertextualidad marítima tiene más que ver con uno de los grandes poetas del amor en lengua castellana, sin duda, Pablo Neruda. Un autor al que se cita de manera intertextual y que es una referencia mucho más exacta para este libro.
Y es que, nuestra recomendación de hoy, recordamos, Abro mi pensamiento, de Alfredo García Gárate –Editorial Dykinson- está en la órbita de los poemas de amor y su vertiente inevitable cuando se entra en esta materia, el poema de desamor. En este sentido, hay una serie de peculiaridades que paso a comentar.

Se trata de un libro de poesía escrito por un hombre de leyes. Ya ocurrió con Juicios, tarjetas y sobres: una rosa en el jardín de las leyes, de Francisco García GdM, que editó Comares, otra editorial especializada en cuestiones legales con mucho predicamento entre los estudiantes de derecho. Vuelve a ocurrir hoy con un libro de poesía editado por Dykinson. Tanto entonces como ahora la reflexión es la misma, bajo la toga hay hombres y mujeres iguales que cada uno de nosotros, con sentimientos de amor, de desamor y con problemas de conciencia a la hora de defender a estafadores en el caso de la novela.

De hecho, la poesía es un género breve y misterioso que tiene una parte implícita que a veces crea casi más curiosidad e interés que los propios versos escritos. Es decir, lo que sugieren esos versos es mucho más que lo que dicen expresamente. Me explico, unas escena tan tiernas y románticas, implican una convivencia muy íntima, conversaciones que se antojan muy interesantes y situaciones de gran intensidad emocional que se expresan en los poemas de una manera dulce e idealizada que, evidentemente, no han sido así en la realidad.

Eso, en caso de que esos poemas no sean una ficción tal que suponga un escenario idealizado en el que la realidad es muy distinta a lo que encontramos en dicho escenario, que también puede ocurrir. De hecho, hay un amor platónico que está detrás de páginas y páginas de negro sobre blanco que han servido de vía de expresión a realidades deseadas pero nunca vividas. Esa es una de las gracias de la literatura y de ahí que haya descolgado el teléfono, ya que podría haber preguntado al autor. Mala suerte porque no he conseguido hablar con él y casi mejor así. Prefiero dejar en sugerencia lo que no es otra cosa en la lectura para que sea el lector quien abra la mente o el pensamiento y sea él mismo quien interprete lo que lea.

El poema tiene dos poesías finales que no deben quedar en el tintero, quizá sea demasiado proponer que se empiece por ahí, más en un libro tan breve, pero también sería una pena que se interrumpiera la lectura y quedaran en el limbo.

“Cuando yo me vaya” supone un testamento escrito, qué menos nos podría dejar un hombre de leyes, en el que se expresa el deseo de cómo quiere el poeta ser recordado. Yo, que le he conocido hace poco, hago propósito de volver a este poema cuando quiera acordarme de él. Esa partida no tiene por qué ser al otro mundo. Simplemente, hay personas que entran y salen de nuestras vidas y que vienen o se van sin tener que haber fallecido necesariamente. En todo caso, es un poema precioso que sí atesora una idea importante que se comentó con el autor. La idea de que la autoría literaria es lo de menos y que lo más importante es el texto en sí. Más, cuando ya hay tanto y tan parecido escrito sobre una materia tan universal. En este sentido, animo y suscribo la idea del poeta.

“Cierro mi pensamiento” Supone una paradoja frente al título pero a su vez supone el cierre del poemario. Cerrar el pensamiento por un tiempo, más después de haber parido una criatura literaria, es casi una necesidad. Sin embargo, anticipo a quien lo lea que esa fase ya está superada y confío en que en un plazo razonable podamos disfrutar de nuevos versos del autor.

En la cubierta una llave mágica capaz de abrir y cerrar pensamientos y conciencias y que nos situará ante la realidad de los sentimientos de un hombre de negro, ya que las togas son negras. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura   

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