Un hijo, de Alejandro Palomas. El hijo coraje llega a nuestras letras

Foto 1Si Alejandro Palomas les llegó al corazón con su anterior novela -Una madre- no deberían perderse la que hoy les recomendamos porque guarda todas las señas de identidad de la anterior siendo, por otro lado, totalmente distinta.
Lo que está claro es que se trata de un autor con las ideas muy claras a la hora de crear sus personajes. Uno de esos escritores que crean a un Miguel Alcántara, por ejemplo, que se convierte en alguien tan querido y familiar que el día que se encuentra uno con Juan Echanove no puede decirle otra cosa que es casi un miembro de la familia.

Igual ocurre con Guille, ese hijo coraje que protagoniza –recordemos- Un hijo, de Alejandro Palomas –Editorial La Galera / Bridge- y que nos remite al mundo de la infancia del autor. Me ha sorprendido que Alejandro Palomas me confesara que no tiene ningún contacto con el mundo del magisterio actual y que en el libro realmente ha querido homenajear a su entorno de los años 70.
Igual que Guille, María o Sonia son dos compañeras que en seguida se dan cuenta de que están ante un niño muy especial, un niño que tiene una fijación tremenda con Mary Poppins. Hasta el punto de que Sonia haga saltar las alarmas para que el caso tenga una atención especial.
Como pueden apreciar, la novela tiene un microclima envolvente, mágico y de una sensibilidad tan especial que Alejandro Palomas ha utilizado una técnica que me ha recordado inmediatamente a los planos de escritura de Ramón Mª del Valle-Inclán, ya que ha escrito la novela en el suelo, con una mesa muy baja que le daba una perspectiva acorde con la visión del protagonista. Les aseguro que no sé si gracias a esta técnica o a su implicación en la historia, ha conseguido un tono de escritura muy verosímil. Hasta el punto de que ahora que está con una taza de café ahí enfrente, encuentro en sus ojos al niño que fue o al que ha encontrado en su libro, de manera que yo mismo me he sentido también un niño revelando historias de mi propia infancia que no se habrían dado en otro contexto.

Foto 2Como él mismo nos ha revelado, otra de las claves de lectura es la de recordar que hay niños excesivamente maduros que sacan a sus familias del pozo gracias a su tesón, a su fuerza de voluntad y al amor que tienen a sus padres. Es el caso de este Guille que tira de Manuel Antúnez hasta literalmente en la novela. Es ahí cuando su terapeuta –María- cae en la cuenta de que es el niño el que está sacando al padre del pozo y no al revés. Me temo que con los tiempos de crisis que corren no será tan difícil que más de un lector haya visto situaciones similares en el día a día.

Foto 3

Para cerrar el círculo, unas palabras sobre Amanda –un personaje in absentia que es muy importante también- Alejandro Palomas se ha centrado en este caso en los personajes masculinos porque así lo ha querido. Él es maestro en lo contrario, es decir, en los personajes femeninos, como demostró en Una madre. Quizá por eso le ha ocurrido que pese a su deseo se le hayan colado varias mujeres de una fuerza y relevancia tan importante en la historia. Por un lado, las dos docentes de las que ya hemos hablado; por otro, Amanda, la madre de Guille y al final, la dueña de la llave que lleva en su mano el niño de la portada y por lo tanto, clave de toda la historia. Deben llegar al final para resolver el acertijo y para disfrutar el libro ya que otra de las grandes especialidades del autor son los finales. Si no llegaran a él se perderían la gracia de la historia.
Con esa llave enlazamos con el aspecto formal. Se trata de una novela canónica en todos los sentidos. Tamaño, tipo de papel, tipo de letra, diseño en general son los propios del libro que solemos bautizar como novela. Sin embargo, la imagen de cubierta es muy original y ha sido una elección expresa del autor. Un niño serio, vestido de mayor porta en su mano izquierda una llave y en su cabeza, un sombrero que a su vez es un faro del que salen abundantes mariposas multicolores. Como fondo, el azul del cielo, el verde de una profusa vegetación y las letras de un escrito que bien podría ser una carta. Se trata de la fotografía “Free your mind”, de Catrin Welz Stein. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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