El cielo de Lima de Juan Gómez Bárcena

Portada El cielo de LimaLa novela del cántabro Gómez Bárcena nace de una anécdota real: la correspondencia que mantuvieron en la Lima de 1904, dos jovencitos burgueses, José Gálvez y Carlos Rodríguez, que jugaban a ser rapsodas bohemios, con el poeta español Juan Ramón Jiménez. Admiraban mucho al vate de Moguer y fingiendo ser una jovencita melancólica en vez de ellos mismos, crean a Georgina Hübner, personaje que irá intercambiando con Juan Ramón una correspondencia cada vez más íntima y de la cual el poeta llegará a enamorarse. El final de este “romance” llevará a Juan Ramón a componer el largo poema Carta a Georgina Hübner, en el cielo de Lima, contenido en su poemario Laberinto (1913)

Un siglo después, el joven escritor montañés Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) debuta en la novelística recreando esta historia, la cual conoció en el colegio haciendo un trabajo sobre el bardo noguereño, y la profundiza estudiando la tesis de quien descubrió esta historia en España, Antonio Oliver Belmás (Cartagena 1903-1968), poeta, crítico e historiador que publicó un artículo en la revista Destino en los años 50 entrevistando al trío Rodríguez, Gálvez y Juan Ramón.
Es una novela escrita con un humorismo tierno, con un alto dominio del lenguaje. Mantiene un nivel narrativo espectacular y muestra un trabajo previo de documentación fabuloso, aunque sutil. El cielo de Lima está escrita en capítulos cortos que se leen con mucha rapidez, ya que el sentido del ritmo es muy alto. Es una narración que mantiene siempre un tono simpático, casi juguetón, y que demuestra que Gómez Bárcena conoce el oficio. Maneja la historia con envidiable soltura, con un plan preestablecido del cual nunca se aparta. La línea temporal y los acontecimientos que van acaeciendo van siguiendo un orden cronológico, poco dado a sorpresas, narrado agradablemente y con un estilo muy trabajado que hace que el lector no se canse.
El juego narrativo es muy efectivo y la historia no decae gracias a la fuerza expresiva del novelista montañés, que evita las prisas, busca la floritura adecuada y barniza líricamente cada página, adecuando cada una de ellas a la época, el país y la visión de la realidad de los protagonistas. La novela finaliza como todas las historias de sueños deben acabar: con la muerte de la ilusión, porque todo gran sueño se desintegra. Aunque el final no deja de ser ciertamente triste, no deja regusto amargo.
En definitiva, es un libro absolutamente recomendable y que hará las delicias de cualquier buen lector. Las trescientas páginas se saborean, se paladean con fruición, y disfrutar de la narrativa de este joven novelista cántabro es todo un placer. Hay madera para más. Estamos ya pendientes de su próxima aventura literaria.

LUIS SÁNCHEZ DE MOVELLÁN DE LA RIVA

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