Un otoño romano, de Javier Reverte

 314_L347146.jpgSi hay un autor de culto especializado en libros de viajes en nuestras letras ese es Javier Reverte. Ha recorrido más de medio mundo invitándonos a viajar y mostrándonos lugares que nunca visitaremos. Leer a Javier Reverte es abrir una ventana a un lugar y conocerlo casi mejor que si lo visitáramos. De Internet también se dice que es una ventana al mundo, lo que ocurre es que la ventana de Javier Reverte nos presenta los lugares desde el prisma de la belleza mientras que en Internet encontraremos lo bello y lo bruto conviviendo en el mismo entorno.

Utilizo estos dos adjetivos –bello y bruto- porque el propio autor explicó en la presentación del libro que son muy habituales en el habla romana. Así, la belleza la podrían encarnar artistas tan sutiles como Rafael o Fra Angelico y lo bruto Mussolini, quien no terminó nunca de conectar con los romanos precisamente por esa falta de sensibilidad.

Fue una auténtica delicia disfrutar de la presentación del libro en el entorno del edificio de la Real Academia de Bellas Artes de Madrid. Hasta el punto de que si no fuera por el castellano que se hablaba más parecería que hubiéramos estado en Roma que en Madrid. No se me ocurre entorno más adecuado para el libro que este. Javier Reverte está a la izquierda con americana y corbata oscuras, el único que lleva gafas.
Volviendo al libro, otra de las claves es la intertextualidad ya que se ha aprovechado de manera muy interesante la abundante tinta que ha corrido ya para retratar a la ciudad con acertada sensibilidad. Grandes nombres de la literatura como James Joyce, Stendhal, Gógol, Hemingway, Goethe, Alberti o Valle-Inclán han vivido mejores o peores momentos en la ciudad y los han dejado plasmados en negro sobre blanco. Encontraremos abundantes citas de todos ellos y de muchísimos más, por supuesto, de los propios italianos como Curzio Malaparte, Gabriele D’Annunzio, Indro Montanelli o Cesare Pavese –a quien no sorprende que se hayan comido en el índice onomástico, ya que son casi infinitos-…
En definitiva, un capricho que no tiene tanto que ver con una guía de viajes como con un diario -aquí encontramos otra novedad ya que el autor comprobó que casi todos los grandes habían escrito sobre Roma en diarios- de manera que él también se ha subido al carro con un resultado excelente. Si van a viajar a Roma no se lo pierdan, pero si no van a ir por allí, tampoco dejen de leerlo ya que verán a Roma con otros ojos. Por cierto, Roma es una ciudad tan fotogénica, tan telegénica y tan literaria que casi no hace falta haberla visitado para sentirla tan cerca como si se hubiera hecho. Es célebre el caso de Valle-Inclán que escribió una de sus sonatas ambientada en Italia con una credibilidad absoluta y sin haber visitado el país.
El aspecto formal, dadas las circunstancias, es exquisito y está cuidado al detalle, al centro encontraremos una especie de huecograbado en el que encontrarán una selección de imágenes con pequeñas leyendas de cada una de ellas. El tamaño y el peso ni excesivo ni lo contrario. En definitiva, una de esas obras que vamos alargando como si fuera una buena comida de las que el autor comparte con nosotros en el libro. En la cubierta, una foto sacada desde la habitación en la que se ha escrito el libro. No extraña que le fuera especialmente difícil ponerse a la tarea con esa vista.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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