Mi vida querida, de Alice Munro

 244_P327258.jpgYa están las librerías plagadas de ejemplares de nuestro recién estrenado Premio Nobel de Literatura, Patrick Mondiano y apuesto a que muchos de nosotros todavía no hemos acometido la lectura de Alice Munro, la anterior galardonada.
La ventaja de ponerse a leer a la anterior ganadora es que encuentra uno ediciones baratas y de bolsillo como la que hoy recomendamos, Mi vida querida, de Alice Munro –Editorial Debolsillo / Penguin Random House- Se trata de un libro de cuentos en los que encontraremos virtudes de la escritora canadiense que han llevado a que lograra el galardón.

Una de ellas es muy parecida a la virtud de un buen anuncio publicitario. Insisto en que cuando son buenos a mí me resultan casi más interesantes que el programa que esté viendo en ese momento. ¿Por qué me resulta interesante algo que casi todos odian y procuran evitar? Porque un buen anuncio te cuenta en escasos treinta segundos una historia que tiene, a veces, un mensaje, sentido e interés. No tan breve, pero los cuentos de este libro nos cuentan historias completísimas en escasas páginas. Historias de esas que si caen en manos de un genio como Alfred Hitchcock se convierten en auténticas obras maestras del género.
Otro gran acierto de la escritora canadiense son sus finales abiertos, de manera que nos cuenta una historia que nos está invitando desde los primeros compases a que participemos y a que sea cada lector quien complete la parte omitida de la historia a su propio gusto. Alguien que domine el género del cuento debe ser maestro en esta técnica ya que es la gracia de este tipo de narración. Por supuesto, es el caso de Munro.
Dadas las pocas galardonadas femeninas se antoja justo e interesante que se le concediera a ella ya que pese a la brevedad de sus relatos y que los personajes quedan solamente apuntados, encontramos una gran capacidad de síntesis a la hora de transmitir sentimientos y vivencias femeninas. De esta manera, las lectoras se verán identificadas y los lectores tendremos ocasión de conocer aspectos interesantes del sentir femenino que a veces no nos resulta tan fácil encontrar.
Como suele ocurrir en los libros fragmentarios, el mejor relato suele ser el primero, por lo menos, así lo considero. Ese primer cuento -“Llegar a Japón”- podría equiparse a ese gran quite que hace el torero que le lleva a ser el triunfador de la tarde sin haber cortado siquiera una oreja o haber hecho una gran faena. A veces uno prefiere un delicioso canapé de caviar a un buen chuletón de ternera. Ya dice el refrán que la esencia se vende en tarro pequeño. Solamente por este cuento ya merece la pena comprar el libro. Ojo, los demás son muy buenos también pero este me ha parecido una obra maestra del género.
Formalmente, aunque se trate de un libro de auténtico bolsillo en el sentido de poder llevarlo en el bolsillo de la chaqueta o americana, por ejemplo, se agradece el tipo de letra, que es especialmente fácil de leer gracias al interlineado que se ha utilizado, gran acierto en el diseño que termina de perfilar una edición de auténtico capricho.
La imagen de cubierta nos presenta a una mujer invisible, traslúcida que contempla una preciosa puesta de sol en Canadá, un país que también queda muy bien apuntado en este libro. Las luciérnagas juguetean con nuestra mujer invisible en una ilustración muy bella obra de Ane Siems.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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