Libros peligrosos, de Juan Tallón

  Libros peligrosos, de Juan TallónEn más de una ocasión, usuarios de la biblioteca en la que trabajo, amigos varios, familiares o hasta alguien que se sienta cerca y que le ve a uno leyendo un libro con cara de saber lo que se trae uno entre manos, me preguntan por buenas lecturas, por libros que merezca la pena leer y que vayan a gustar. Con el riesgo que conlleva contestar a la pregunta, ahora tengo una ayuda en modo de respuesta por defecto.
Es la siguiente, lea usted nuestra recomendación de hoy, Libros peligrosos, de Juan Tallón –Larousse Editorial- y encontrará un libro que en sí mismo ya es una pasada y encima le remite a uno a otro buen número de libros que también son otra pasada cada uno de ellos.
Evidentemente, a poco que uno sea aficionado a la buena literatura, va a haber unos cuantos que haya leído uno ya. Pues mejor todavía porque va a tener uno la ocasión de recordar aquel libro que tanto le gustó en escasas dos páginas.

Así me ha ocurrido con El guardián entre el centeno; Crimen y castigo; El extranjero y otros más. En alguno de los casos -sobre todo en el de El extranjero, un libro que en su día pasó sin pena ni gloria- a la luz de unos pocos párrafos de este gallego que escribe como los ángeles me resulta mucho más interesante y lo he disfrutado mucho más que el día que lo leyera. Es un libro que se puede leer en un día o dos fácilmente.
¿Y de dónde viene eso de <peligrosos> de los libros que se recomiendan? Pues como bien nos comenta Tallón, la literatura –en especial, la buena literatura- está plagada de desahogos por parte de personas que se ven tan acorraladas que la única vía de escape es la escritura. Por ejemplo, coincido con él en que El oficio de vivir, de Cesare Pavese –un libro que en su día definí como el diario de un suicidio y que he vuelto a disfrutar gracias a este ensayo- es un libro que logra aplazar un suicidio inevitable. Por ahí viene también lo del peligro de estos libros. Algunos de ellos invitaciones sibilinas al suicidio, al consumo de alcohol o de drogas y de más actividades delictivas o mal vistas.
Alguno de mis lectores ya conocerá a Juan Tallón, un autor al que ya he reseñado otras veces, las suficientes para poder asegurar a sus fans que en este libro encontrarán la marca de la casa. Es decir una escritura sin pelos en la lengua, con un periodismo muy literario o una literatura muy periodística como le dijera en su día alguien para suspender un trabajo periodístico por exceso de literatura. Pues esa es la gracia de Tallón, que no sabe uno si está leyendo un ensayo o un relato y, por consiguiente, como si estuviera uno leyendo su novela favorita, no puede parar de leer.
Formalmente volvemos a encontrarnos con cierta ambigüedad en lo relativo al tamaño del libro, el número de páginas, el tamaño de la letra… Todo parece indicar que va uno a abrir una novela, solamente sale uno de la duda por el retrato del autor a cargo de Víctor Gomollón ya que pocos pondrían su retrato en una obra de ficción. En fin, que con este hombre no sabe uno si está leyendo un relato corto o una novela o un ensayo pero siempre resultan lecturas divertidas, enriquecedoras y desenfadadas. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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