Entre libro y libro de Candy Filgueria Arias

imagesCAN48LE8Seguro – replicó Ben.

Y esperaba que así fuera.

El director lo condujo a través del campo de juego. Se dirigieron a una casa próxima al edifico principal, donde Ben tendría su propia habitación.

– Lo peor ha terminado, pensó Ben.

Vio ante sí su futuro. Y dio los primeros pasos hacia adelante cuando entró en su segundo hogar.

FIN

(…) cuando las hojas de un libro tocan a su fin, parece como si de repente cerráramos un episodio más en nuestras vidas. Experimentar cuanto allí acontece ofrece la inefable sensación de situarnos más allá del tiempo y del espacio, en otro mundo, en donde los acontecimientos surgieren el insospechado devenir de un contexto plagado de innumerables estados generadores de inescrutables situaciones anímicas, capaces de crear el ambiente adecuado para vivenciar nítidamente el amanecer de una nueva historia.

A veces ocurre que la imbricada analogía que inconscientemente establecemos con el argumento, provoca reacciones de rebeldía hacia lo que realmente creemos estar vivenciando y, sin embargo, degustamos plácidamente, una por una las páginas de un mundo en donde lo irreal prevalece sobre lo consciente, lo efímero sobre lo que inmanentemente permanece, y el pretender discernir lo etéreo de lo tangible resulta tarea ardua de delimitar, sobre todo en momentos en donde la incardinación del protagonista en nuestra vida origina la autogratificante sensación de ser artificies de una historia, de nuestra propia historia personal, que es en definitiva la que cotidianamente trata de sobrevivir a los efluvios circundantes de un entrono capaz de congestionar el inherente torrente creativo del que pocas veces hacemos uso, para iniciar la evolución adaptativa hacia nuevos y mejores horizontes.

Por otro lado, se diría que el erario de la literatura narrativa dimana una cierta renuencia para con aquellos lectores cuya asepsia les implica en una tarea de contemplación lectora mesurada en un único propósito y apagad por la finalidad concreta de deglutir un texto.

Volatilizar en breves momentos lo que puede acarrear toda una vida es justamente tachable de desafiante y realmente condenable al verdadero significado de una lectura desgranada y desgranante de una realidad que se tiñe de concreta en la medida en que nos sumergimos en ella.

Con ello, nuevamente, iniciar otros contextos, ¿quién sabe?, tal vez nos veamos en situaciones insospechadas o caigamos en la apocatástasis de la que constantemente devenimos. Tal vez, con palabras, no nos queda más que el silencio de ocupar espacios de sueños y deseos nunca realizables, en donde romper el aire ofrezca un paso al vacío (…)

Amanecía y el nuevo sol cubría de oro las ondas de un mar tranquilo …

Candy Filgueria Arias

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