Carta dictada por gotas de agua Por Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

CAM00221Queridos Reyes Magos:

Hoy, al salir a la calle, las gotas de agua se empeñaban en escribir un mensaje en mi teléfono móvil. Al principio, he intentado borrarlo pero insistían. Así que he decidido transcribirlo ya que yo soy piscis y puedo entender su lenguaje.

Las gotas de agua piden a los que más tienen que no sean tan avaros, que tengan un poco de compasión con sus trabajadores que están haciendo un gran esfuerzo por sacar el barco a flote.

Dicen a los que menos tienen que está bien querer tener un poco más, pero también, que si en vez de mirar hacia adelante, vuelven la vista hacia detrás, verán que hay todavía mucha gente que está peor que ellos. Ya lo decía Calderón de la Barca con muy bellas palabras.

Se dan cuenta las gotas de agua de que, pese a las penurias económicas, hay muchos humanos preocupados por el amor. Dicen a todos, mujeres y hombres, que está muy bien buscar a la princesa o príncipe azul y que, mientras lo encuentran, hagan un poco de caso a esa chica o chico al que consideran una pesada o un pesado siempre preguntando por los deberes y ofreciéndose para ir a tomar un refresco.

Con los amigos pasa lo mismo. Mientras esperamos a ese amigo ideal damos de lado a ese otro que nos llama constantemente para ver un partido de fútbol o ir a ver esa película de miedo que no soportamos. Proponen que intentemos disfrutar esas cosas en lo que llega el amigo o la amiga soñada.

Como veis, querido Reyes Magos, hay mucho trabajo por hacer porque si nos metemos en la salud, nos morimos de pena viendo que los médicos cada vez hacen menos caso a nuestros abuelos y padres. Antes tenían un médico que era además un amigo. Ahora, cada día les atiende uno que los mira como si fueran un lápiz y les recetan como si estuvieran reparando un coche. Eso les pone muy tristes y queremos pediros, queridos Reyes, que hagáis algo al respecto, porque ellos han luchado mucho por un mundo mejor y es injusto que ahora, al final de sus vidas, se les trate así.

Los más pequeños también están tristes porque sus propios profesores también lo están. Cada vez menos profesores para más niños, cada vez más machacados física y mentalmente, por mucho que se esfuercen no pueden dar más. Les duele ver cómo era su vida de escuela de antes y cómo es la de ahora. Si los niños, que son la sal del mundo, están tan sosos, ¿quién va a dar sabor a la vida?

En fin, queridos Reyes, podríamos deciros muchas más cosas pero no os queremos aburrir. Solamente nos queda añadir que nos alegramos mucho de que alguien se haya alegrado de que llueva hoy y haya escrito nuestro mensaje.

¡Feliz Navidad!

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