Amor en un campo de minas, de Milagros Frías

Amor en un campo de minas, de Milagros FríasEn un día como otro cualquiera, en el que has vuelto de una guardia agotadora en el hospital, venciendo a la pereza sales a estirar las piernas. En ese paseo aparece el marido de ese matrimonio vecino que es como vuestra pareja siamesa. Subes a su coche y te cambia la vida instantáneamente.

Esa es la idea que desarrolla el libro que hoy recomendamos Amor en un campo de minas, de Milagros Frías –Editorial Algaida-, una novela que al principio nos puede recordar a Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes en ese monólogo ante el muerto en el que la vida va pasando como una película y te planteas las decisiones clave de tu vida. Sin embargo, en la escena siguiente –esta novela es muy cinematográfica y no me extrañaría que alguien propusiera convertirla en película- decides abandonar el coche accidentado y buscar una salida.

Estás completamente sola en una huída desesperada hacia la vida, es entonces cuando me recuerdas a Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Quizá no se aprecien estas asimilaciones, o las cuestionen razonablemente, pero yo las he sentido y por eso he querido compartirlas aunque no estén tan claras como en otras ocasiones. Lo que sí es objetivo es el intimismo de Sofía -la protagonista- que va compartiendo con nosotros sus vivencias de manera que uno se convierte en un mirón de esos que tanto le molestan.

Los lectores masculinos tendrán ocasión de conocer lo que pasa por la cabeza de su hermana, su pareja, o cualquier otra fémina próxima a ellos.

Las lectoras se sentirán en más de un caso muy identificadas con Sofía, inmersa en una crisis matrimonial en la que su vida pierde sentido día a día, sin unos hijos que la empujen a esforzarse por nada ni que le aporten ilusiones. En definitiva, una vida de insatisfacción que a más de una lectora le resultará familiar.

El argumento ya está apuntado y me niego a ir más allá, con la duda, si me apuran, de haber mostrado más de lo que debiera. El aspecto formal es muy agradable con unas pastas brillantes y flexibles que a mí me suelen gustar mucho, un tamaño y un peso muy razonable, totalmente compatible con bolsos, maletines o la mano en sí misma, ya se ha perdido la tradición de ir con un libro en la mano y nada más.

En la cubierta, una gasolinera solitaria en la noche con una mujer bellísima que espera sentada encima de una maleta. A pesar de la oscuridad lleva gafas de sol. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado Doctor en Lengua y Literatura

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