La Política del Genocidio Cultural

GenocidioEl bombardeo de la Biblioteca Nacional de Bosnia-Herzegovina en Sarajevo el 25 de agosto de 1992, supuso una de las mayores destrucciones de un hito del patrimonio cultural ocurridas en tiempos de guerra desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

El incendio resultante, agravado por el hecho de que antes del bombardeo se había cortado el suministro de agua a la ciudad, duró tres días, al cabo de los cuales más del noventa por ciento de su colección se había quemado. Fundada en 1945 como la biblioteca central de Bosnia-Herzegoniva (en el edificio del antiguo Ayuntamiento de Sarajevo), albergaba materiales escritos en distintos alfabetos, incluyendo libros raros, manuscritos originales y documentos de archivo.

El bombardeo se produjo al comienzo de la guerra civil en Bosnia-Herzegovina, que durante tres años (1992-1995) enfrentó a serbios, croatas y bosnios musulmanes, y a lo largo de la cual las potencias occidentales como Estados Unidos y varios estados miembros de la Unión Europea apoyaron a los bosnios musulmanes. Las fuerzas serbio-bosnias dirigidas por Radovan Karadzic y Ratko Mladic supervisaron el bombardeo del edificio. El ejército serbio aseguraría después que el edificio estaba siendo utilizado como refugio militar, si bien estas declaraciones no están confirmadas.

 A priori, el bombardeo de cualquier institución cultural, especialmente de una que cuente con piezas culturales invaluables es, en todos los aspectos, una acción reprobable, y este sentimiento queda reflejado en la placa que se colocó más tarde en el exterior del edificio en ruinas. En ella puede leerse:

En este lugar, en la noche del 25 al 26 de agosto de 1992 criminales serbios incendiaron la Biblioteca Nacional y Universitaria de Bosnia y Herzegovina. Más de dos millones de libros, publicaciones periódicas y documentos desaparecieron bajo las llamas. ¡No olvides, recuerda y advierte! Algunos años más tarde, el 31 de marzo de 2001, el ex presidente serbio Slobodan Milosevic fue secuestrado y arrestado por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), un comité del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas promovido por Estados Unidos, cuya creación y funcionamiento dependieron en gran medida del dinero occidental, especialmente estadounidense, bajo las acusaciones de genocidio, crímenes contra la humanidad y violaciones de las leyes y costumbres de la guerra.

El bombardeo de la biblioteca y la supuesta destrucción de patrimonio cultural bosnio fueron utilizados en una campaña para probar la complicidad de Milosevic en el “genocidio cultural” o “la destrucción deliberada del patrimonio cultural de un pueblo por cualesquiera razones ideológicas” (Edwards 2008: 79).   La acusación en este ámbito contó con la ayuda de un bibliotecario de la Universidad de Harvard, Andras Riedlmayer, que el 8 de julio de 2003 compareció ante el TPIY testificando contra Milosevic por el delito de genocidio cultural. En su testimonio, Riedlmayer utilizó el bombardeo de la Biblioteca Nacional, y también el del Instituto de Sarajevo el 17 de marzo de 1992, como principales evidencias de este genocidio (Riedlmayer 2007: pp. 107-132).

Tanto en su testimonio como en su investigación concerniente a la destrucción por parte de Serbia del patrimonio cultural de Bosnia, y después de Kosovo, su relato se adhiere casi en su totalidad y sin tapujos al construido por los gobiernos y los medios de comunicación occidentales públicos y privados, a saber: si bien otras nacionalidades cometieron actos violentos, los serbios fueron los mayores responsables de la instigación a la violencia y quienes intentaron, con el despótico y demente Slobodan Milosevic a la cabeza, crear una Gran Serbia llevando a cabo una limpieza étnica contra las otras nacionalidades.

En Bosnia, continua la historia oficial, los serbios de Bosnia trataron de limpiar la zona de bosnios musulmanes que pretendían crear un modelo ejemplar de sociedad multiétnica. Al final, solo el bombardeo estadounidense logró poner fin a las hostilidades en Bosnia, al obligar a Milosevic a sentarse a la mesa de negociaciones.

El relato se reanudará más adelante en Kosovo; una vez más las brutales acciones de Serbia contra los indefensos albanokosovares serán las que fuercen a la comunidad “internacional”, es decir, Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a acudir en ayuda de los acosados kosovares que estaban siendo masacrados sin piedad por los intransigentes serbios.

En las manos de Riedlmayer la historia se extiende a la esfera cultural, en donde los serbios fueron los únicos que realizaron una violenta campaña de genocidio cultural para limpiar regiones enteras, basada en la etnicidad. Aunque otras nacionalidades (bosnios musulmanes, croatas, albanokosovares) pudieron haber realizado actos de violencia cultural contra los serbios, según su relato no hubo un plan coordinado para destruir su patrimonio cultural con el fin de diezmar su identificación como pueblo.

Como señala la escritora y periodista Diana Johnstone, “casi todo acerca de este cuento es falso. Desagraciadamente, desmentir falsedades, sobre todo las consolidadas, es una tarea difícil. Lo que se repite una y otra vez acaba convirtiéndose en verdad” (Johnstone 2002: 5). Ella y otros autores han cuestionado enérgicamente estas mentiras y planteado preguntas incisivas como: ¿En vez de ser cuestiones “humanitarias” las que motivaron la participación occidental en la zona, no estaría el interés de estos países más relacionado con los aspectos económicos y el deseo de acabar con la antigua Yugoslavia, el último baluarte socialista que se interponía en el camino de la globalización económica? ¿Si Milosevic fue un malvado tirano, por qué fue alabado por el papel que desempeñó en la negociación de los acuerdos de Dayton que pusieron fin al conflicto en 1995? ¿Si los kosovares fueron objeto de limpieza étnica, por qué el flujo de refugiados no comenzó hasta después del incesante bombardeo de Serbia por parte de la OTAN (Parenti 2000: 125)? Es más, ¿por qué ningún estadounidense o participante de países de la OTAN, como Bill Clinton, Madeleine Albright, Tony Blair, el general estadounidense Wesley Clark o el portavoz de la OTAN Jamie Shea, ha sido acusado jamás de violaciones graves del derecho internacional como resultado de la invasión ilegal de Serbia en 1999? ¿Si a Estados Unidos y la OTAN se les permitió salvar Kosovo mediante una auto-denominada “intervención humanitaria” en 1999, por qué los mismos actores condenaron a Rusia por conducir su propia intervención humanitaria en 2008 en nombre de las minorías de Osetia del Sur y Abjasia que lucharon contra la opresión en Georgia (BBC News 2009)?   Inspirándose en las reflexiones anteriores, este artículo cuestiona las alegaciones occidentales de “genocidio cultural” perpetrado por los serbios lanzando las siguientes preguntas: ¿si los países occidentales estaban tan preocupados por el genocidio cultural, por qué casi al mismo tiempo no elevaron sus quejas cuando aliados occidentales como Turquía, Israel y los talibanes afganos cometieron actos graves de destrucción cultural? ¿Por qué ningún instigador estadounidense o británico ha sido jamás acusado de la destrucción cultural que tuvo lugar en Irak desde que el país fuera invadido ilegalmente en 2003? ¿Si Estados Unidos está tan preocupado por el genocidio y la aplicación del derecho internacional, por qué no ha ratificado [el tratado que creó] la Corte Internacional Penal en 2002? Además, ¿puede confiarse en un país como Estados Unidos, que ha estado implicado en otros actos de genocidio cultural en Guatemala, Timor Oriental, Vietnam o Camboya, cuando expresa su preocupación sobre la aniquilación de culturas? Después de todo, el testimonio de Riedlmayer ante el TPIY trató de probar que el bombardeo de la Biblioteca de Bosnia y Herzegovina, al igual que la destrucción de otros sitios culturales bosnios musulmanes, respondió a una política deliberada de genocidio cultural contra la comunidad bosnia musulmana.

Fuente: Kuntz, Blair, “La Política del Genocidio Cultural “. [En Línea]. Bitácora de un bibliotecario. Disponible en: http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com.es/2013/03/la-politica-del-genocidio-cultural_29.html. [Consulta: 08/07/2013]

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