Las tres caras de la luna, de Sally Gardner

Las tres caras de la luna, de Sally GardnerSi a Joaquín Sabina le sobraban los motivos para hacer un disco, por cierto, feliz cumpleaños con bastante retraso al autor del himno del Atlético de Madrid para el centenario, a nosotros hoy nos sobran los motivos para recomendar este libro. Primero, porque las vacaciones de nuestros jóvenes son un periodo idóneo para el fomento de la lectura. Es precisamente en estas fechas cuando están menos cansados y pueden tener más ganas de leer.

Segundo, porque el libro no es una historia empalagosa que dulcifique la realidad, más bien, es la oportunidad para que los chicos y chicas del siglo XXI vean que por mucha crisis que tengamos, la realidad siempre va a ser susceptible de ser mucho peor. También que en circunstancias mucho peores que las nuestras hay auténticos héroes que salen adelante con sacrificio y mucho riesgo por su parte. Una de las enseñanzas de esta novela es que no debemos rendirnos nunca.

Tercero, porque se trata de una ficción muy bien contada que plantea una realidad alternativa en caso de que la Segunda Guerra Mundial se hubiera resuelto de un modo distinto. No se dice abiertamente, pero todos los indicios nos llevan a esta conclusión. Evidentemente, es imposible saber cómo habría sido el mundo si hubieran ganado los paises del Eje, pero una probabilidad es la que se nos plantea en el libro. Por otro lado, no hay que perder de vista el aspecto novelístico que da absoluta libertad creadora a quien escribe.

Una lectura similar sería El niño con el pijama de rayas, de John Boyne. Si el libro o la película les han llegado, no duden que es más que probable que el de hoy les llegue también. Por último, pero no menos importante, en poco tiempo la novela ha irrumpido en el mercado con éxito incuestionable, también de la crítica, obteniendo el Costa Book Awards de 2012 en categoría infantil y el Carnegie Medal de 2013. Hay quienes son reacios a los premios, pero los premios suelen ser una garantía que atiende a los criterios de unos expertos que han valorado un libro o a un autor, en este caso autora, por lo tanto, ya nos dan una estimación experta favorable.

El tamaño ligero, el papel ecológico, los capítulos muy breves, la letra y los blancos muy amigables hacen que el libro sea una golosina que nuestros jóvenes pueden leer en pequeños lapsos de tiempo. Sin embargo, es una golosina que les hará pensar, plantearse cuestiones que pocos se han cuestionado. Cuestiones que cuando alguien plantea se toman a broma, sin embargo, después de leer el libro, van a quedarles mucho más claras.

Si verdades que se escribían con mayúsculas y eran el orgullo de nuestra civilización quedan tan claras después de leer esta novela, qué no ocurrirá con esas verdades en las que todos estamos pensando, que hacen agua se miren por donde se miren. Una luna mentirosa, por aquello de que cuando dibuja una “C” está decreciendo, y cuando dibuja una “D” está creciendo queda a merced de unas escaleras sobre un fondo azul, un dibujo muy apropiado para nuestro libro de hoy.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado Doctor en Lengua y Literatura

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