Caminando sobre las aguas, de Ignacio del Valle

Caminando sobre las aguas, de Ignacio del ValleParece que hubieran metido a Ignacio del Valle en el horno para que se consumiera y de sus habituales novelas -no extensísimas al estilo Galdós o Tolstoi, pero sí de una longitud razonable- hubieran aparecido en un concentrado literario. Así, Caminando sobre las aguas, de Ignacio del Valle –Editorial Páginas de Espuma- supone la síntesis de todo lo bueno de la literatura del autor.

Llama la atención que su narrativa, ya de por sí muy ágil, se vuelve vertiginosa en la acción, lo que requiere mucha más concentración del lector, ya que se va saltando de un cuento a otro y es difícil retener nombres, lugares y demás. Lo que sí encontrarán sus lectores más fieles será ese lado oscuro tan habitual en sus novelas.

Personajes maltratados por los años, de vuelta de todo, curtidos en el polvo de mil batallas y hasta un poco cínicos. En definitiva, y en eso hay una continuidad en toda la obra del autor, se enfrenta a los personajes a los que todo les ha sido dado, que abusan de su estatus, frente a los que siempre han tenido que luchar para ganarse la vida, quienes tienen que decir que sí a todo y hacer de tripas corazón.

O de vientre, como el protagonista de “La revancha” que derrotado ya en un mundo en el que los carteristas con clase, elegantes y pícaros, no tienen cabida, decide hacer una última machada entrando en una joyería y defecando sobre las joyas como último gesto antes de morir.

Fíjense nuestros lectores en esta simbología y la relación que tiene con el bíblico Becerro de oro. De todos modos, “Círculos” no aparece como primer relato por casualidad. Entra en la órbita de la literatura que más laureles le ha dado a Ignacio del Valle, la bélica. Seguramente se trate del mejor cuento del libro por todo lo que supone leer al autor en estado puro. Hace poco ofrecíamos otro libro de relatos que abordaba la violencia de género desde el lado femenino, ¿se acuerdan? Se titulaba Amor robado. Hoy, en “Recuerdos de las ballenas” se ofrece la otra cara de la moneda, la del hombre que tira toda su vida por la borda a cambio de las drogas y el alcohol. Un hombre que recuerda a su esposa maltratada por él mismo a cada paso, pero que es incapaz de tomar las riendas de su vida y resolver sus problemas con las drogas.

Lo que está claro es que Ignacio del Valle es un grandísimo creador de perfiles. Es capaz de bosquejar un personaje en muy pocas páginas de manera que nos hagamos una idea exacta de cómo es, de cómo siente y de su pasado, presente y futuro. Estos personajes insinúan su historia para que el lector termine de completarla con su propia imaginación, siempre con la duda de si esa reconstrucción es la exacta y con el deseo de haber conocido mucho más de ellos. En otras reseñas he comentado los toques de humor gallego que se diseminan en sus novelas y que ahora aparecen como flashes en estos cuentos para romper la tremenda dureza de lo que se narra en ellas. Así, el autor vuelve a ser heredero, una vez más, del gran maestro del esperpento, Ramón María del Valle-Inclán.

Se trata de un humor resabiado, del humor de la derrota. Un humor al que yo siempre le añado un “maldita la gracia” que por momentos encontramos también en el gran libro de las letras españolas, en El Quijote. Formalmente se trata de una edición muy cuidada. Desde los blancos que tanto valor tenían para Francisco Umbral; el papel, ligeramente ocre y muy elegante; el tamaño de letra idóneo para la lectura; lo ligero y manejable de la edición y como colofón, las imágenes de cubierta en las que destaca una escultura en mármol de equilibrios imposibles que nos lleva al barroco italiano, al igual que el boceto catedralicio del margen derecho y el detalle, posiblemente florentino, de otro edificio sacro. Felicitamos a la editorial Páginas de Espuma por este diseño y le damos la bienvenida en nuestra tribuna.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura

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