La Biblioteca vista desde el Archivo

No todo el mundo sabe distinguir entre labores bibliotecarias y labores archivísticas.ArchivoAlmudena Es más, tenemos comprobado que la gente suele asociar Archivo con Biblioteca, llegando en algunos casos a referirse al Archivo de la Biblioteca, a la hora de referirse a nuestro Archivo General del C.E.U. Bien es cierto que nuestro Archivo tiene una pequeña biblioteca de consulta y que la Biblioteca tiene un pequeño archivo de oficina, pero aparte de eso, poco o nada tienen que ver uno y otra, a no ser que nos refiramos a su común Director, don José Morillo.
Por esta razón, y aunque las Jornadas de este año se refieran a nuestro futuro, hemos querido obsequiar a nuestros compañeros bibliotecarios con un sucinto estudio sobre el origen y formación de la Biblioteca del C.E.U. He aquí vuestro, nuestro, pasado, y he aquí cómo empezó todo. Sin memoria (¿histórica?), no hay presente y, menos aún, futuro. Sin Archivo que custodie la documentación, no hay materia que investigar, aunque muchas veces la gente se pregunte el porqué de “guardar tanto papel”. Sin archivos no hay Historia, sino amnesia.

Pónganse cómodos y disfruten.
En un Boletín de la ACNdP, fechado en 15 de agosto de 1950, se contiene una “Memoria del C.E.U. correspondiente al curso 1939-1940” que relata cómo durante la Guerra “perdió además el C.E.U. su archivo, su biblioteca y su mobiliario”, pero que después de la misma “comenzó la reconstitución del C.E.U.”, así como la “recuperación de su biblioteca y documentos”. Y prosigue: “En 30 de septiembre último [de 1939] el C.E.U. se instala de nuevo en el piso de la calle Alfonso XI número 4 que ocupaba en 18 de julio de 1936.

La instalación es completa. La biblioteca fue recuperada en su totalidad. Varios de los documentos pertenecientes al archivo del Centro también se encontraron y recogieron en las oficinas de la Delegación del Estado para la recuperación de documentos . De este texto se desprende también que quizá fueron dos obras propias donadas por el Rector de la Universidad Católica de Milán en 1935: “Idea e Battaglie per la cultura Cattolica”, y el folleto “El lavorao manuale nelle Universitá”, las primeras adquisiciones de la recién reconstituida Biblioteca del C.E.U.

Un interesantísimo documento original fechado en 16 de septiembre de 1939, y firmado por don Urbano Domínguez Díaz, secretario del Centro de Estudios Universitarios, recoge la “Relación de los libros pertenecientes al Centro de Estudios Universitarios (C.E.U.), que se encuentran depositados en la Biblioteca de PP.

Agustinos de San Manuel y San Benito (Columela, nº 12), y que fueron llevados allí por las hordas marxistas durante el período rojo”, núcleo de lo que luego sería la mencionada nueva Biblioteca del C.E.U. Entre los 140 volúmenes recuperados se cuentan obras como la “Histoire de Belgique” de Pirenne; La “Historia de la Universidad de Salamanca” de Esperabé o la de la Universidad de Zaragoza de Jiménez Catalán; la “Historia de Marruecos” de Cánovas del Castillo; las “Oeuvres Polémiques” de Freppel; o la “Antología de las Cortes” hasta 1907, con editores de la talla de Cristóbal de Castro, Rafael Mesa de la Peña, Juan del Nido o Francisco García Pacheco.

Con el mismo sello –en el que figura la dirección Alfonso XI–, y fechable entre 1940 y 1950, documentamos uno de los primeros reglamentos de la misma. Con el título “Bases para el Funcionamiento de la Biblioteca del C.E.U.”, enumera las siguientes normas:
– Los ficheros de la Biblioteca estarán a cargo del Secretario del Claustro , que será auxiliado en su labor, por el Conserje del C.E.U.
– Queda terminantemente prohibido sacar libros de la Biblioteca, debiéndose consultar los mismos, durante las horas hábiles, rellenando una ficha que será facilitada por el Conserje.
– Las horas hábiles de Biblioteca serán de 10-12 de la mañana y de 4-7 de la tarde.
– Durante la estancia en la Biblioteca deberá guardarse el debido silencio, necesario para no distraer la atención de los lectores.
– Una vez terminada la consulta de la obra que se quiera, será entregada al encargado de la Biblioteca y éste, a su vez, devolverá la ficha rellenada.
– Para el buen funcionamiento de la Biblioteca, deberán atenderse todas las indicaciones que provengan de los encargados de la misma.
Y sobre la misma época, vemos ya listas de libros propuestas por los profesores –“Libros que creen los profesores que deben comprarse”–, incluyendo obras de Derecho Administrativo, Civil y Mercantil o de Economía Política como el “Tratado de Economía Política” en cuatro volúmenes, de Adolfo Weber.

En 1941 el Colegio Mayor Universitario de San Pablo realiza unos pedidos a la Editora Nacional  y a la Librería General de Victoriano Suárez y, en 30 de mayo de 1942, el Centro de Estudios Universitarios recibe un presupuesto de la Librería Franco-Española (Sociedad General Española de Librería) y otro de Espasa-Calpe (Casa del Libro).  En 1 de junio del mismo año, el C.E.U., todavía ubicado en Alfonso XI, nº 4, realiza nuevos pedidos a la Casa Editorial MCG (Textos para Universidades y Escuelas) de la Librería General de Victoriano Suárez, por una cantidad de 2.246 pesetas con 25 céntimos. Isidoro Martín escribe el 3 de abril a Fernando Martín Sánchez a propósito de la redacción del Reglamento para el Colegio Mayor de San Pablo –recordemos que en ésta época todavía no se han desgajado Colegio “físico” de la futura Fundación– y le comenta como “en cuanto a los libros para la biblioteca, mi criterio queda expresado en el artº 36 del proyecto. No quisiera improvisar una lista de libros. A mi juicio se deben adquirir esas obras generales de carácter fundamental que deben nutrir la formación del hombre culto [subrayado].

La sección de Derecho convendría cultivarla con carácter de especialidad”. Es seguramente esta carta contestación a una previa de Domínguez Díaz, carente de data crónica, en la que se apremia el envío del proyecto de Estatutos del Colegio Mayor C.E.U. y el índice de enciclopedias y libros “para fundar Biblioteca dicho Centro [sic.]”

El vacio documental existente a cerca de la Biblioteca entre los años 40 y 70, podemos suplirlo con alguna información puntal recogida en las Actas del Claustro del C.E.U y las de la Comisión Ejecutiva de su Consejo Rector. Así, en 29 de mayo de 1941 el secretario del Claustro, Ramón Lacasa, solicita de cada uno de los profesores “una lista de libros que crea cada uno  imprescindible su obtención, comprometiéndose unos a enviarla rápidamente, dándola otros en el acto”. El 8 de marzo de 1942, “al comentar las atribuciones del Secretario, surge el problema de la Biblioteca y se acuerda pedir dos tipos de bibliografía, una asequible a los alumnos, fijándose cuatro textos por asignatura, y otra, de revistas, para consulta del profesorado”.
En 1943, el 26 de marzo, el Secretario del Claustro dio cuenta “de las listas de libros formadas con el objeto de su obtención, haciéndose alguna modificación en las mismas”, y el 25 de abril de 1944 el Decano del C.E.U., Carlos de la Mora “comunicó a los profesores mandaran cada uno, con urgencia, una lista de los libros y revistas que a su juicio creyeran conveniente adquirir, teniendo en cuenta debe atenderse a la doble finalidad de que existan en nuestra Biblioteca no solamente aquellos libros de texto necesarios para seguir el curso de cada una de las asignaturas, sino también todos aquellos –así como revistas– necesarios para el trabajo de investigación en los seminarios que se pudieran crear”. Poco a poco vemos como se van sentando las bases de la política bibliotecaria de nuestra Institución, y así en 1944, Fernando Martín-Sánchez Juliá, agradeciendo una donación de libros a nuestra Institución comenta: “pasarán todos ellos a figurar en el Archivo y Biblioteca de nuestro Centro.
Ya en 1945, el 28 de junio, el Consejo Rector acuerda organizar los servicios de la Biblioteca del C.E.U., “previa confección de los correspondientes ficheros y catálogos que permitan el fácil manejo de las obras”. Durante 1946 y, mientras se finalizaban las obras del actual Colegio Mayor San Pablo, sito en Isaac Peral, el C.E.U. alquila unos locales que habían sido ocupados por la administración del diario “El Alcázar”. El 21 de marzo de 1947 se aplazan “las obras que se habían proyectado para instalar la Biblioteca y la Sala de Estudio en dichos nuevos locales, dónde se venían dando varias clases” y ya, el 4 de octubre, se abordan “algunas cuestiones sobre el posible funcionamiento del C.E.U.”, entre las que se incluye dentro del “Régimen de Permanencia”, el préstamo y servicios “de alquiler de libros de consulta como se hace en los institutos extranjeros”. Un año después el Decano de la Sección de Derecho, don José Ignacio de Arrillaga, eleva una propuesta a través del Rectorado del C.E.U. “relativa a la adquisición de libros de texto con destino a la Biblioteca del Centro”. El 29 de octubre de 1952 –quizá como continuación del anterior asunto– el Claustro de la Facultad de Derecho del C.E.U. aprueba, entre otros acuerdos, “que se solicite y provea a la formación de una Biblioteca jurídica para uso inmediato de profesores y alumnos de la Sección de Derecho del C.E.U.”.
Durante 1955, por fin se produce el cambio de sede, por lo que el 25 de febrero, el Consejo Rector acuerda “proceder al traslado de los muebles y Biblioteca del C.E.U. desde Alfonso XI al Colegio Mayor de San Pablo”, y el 26 de septiembre solicitan al Patronato de dicho Colegio “facilite la adecuada instalación del C.E.U. en la planta baja del edificio, a ser posible situando todas sus dependencias en una sola ala”. En octubre, por último, se ratifica a don Pedro I. Medina como Jefe de Estudios del C.E.U. y como colaborador de la Dirección y Secretaría, encomendándole a este respecto las funciones de “Publicaciones, Biblioteca, Publicidad, Becas, Subvenciones, Organización de actos, funcionamiento interno del Centro, relaciones con la Universidad y familia de alumnos, y otras análogas”.
1970-71, sin firmar, pero seguramente redactada por el Catedrático-Jefe de Estudios del Centro en ese momento. Los apartados recogidos en la misma son los que siguen:
1. Relación de libros adquiridos durante el curso escolar (Seminarios de Filosofía, 62; Psicología, 13; Derecho,  y Económicas, 69; Arquitectura, 29; Escuela Superior de Secretariado, 23; Escuela de Teología, 27; Filosofía y Letras, 29)
2. Libros del Seminario de Económicas cuyo paradero se ignora.
3. Número de lectores y libros que se han consultado.
4. Libros que han sido objeto de préstamo
5. Breve reglamento que se ha seguido
6. Inventario general

Del mismo curso se ha conservado también un inventario bastante completo.
En diciembre de 1971, un usuario se dirige a Mª Luz Arriola, como responsable de la Biblioteca del Colegio Universitario, disculpándose acerca de un malentendido relacionado con la devolución de algún préstamo. En la misma misiva, el afectado menciona además la existencia de un “señor Bibliotecario, que me atendió”.
Realizando un seguimiento de los albaranes con fechas anteriores a las mencionadas, documentamos en la Biblioteca a Nicolás Cruz Moyano, que bien pudo ser el encargado de la misma antes de la llegada de doña Mª Luz.
En octubre de 1974 ingresa como responsable doña Pilar Arriola en la Biblioteca del Centro de Estudios Universitarios, sin que podamos decir nada en contra, sustituyendo a su hermana Mª Luz. Una vez nombrada, realiza –según consta en un documento de dicho año– “todas las actividades propias de este departamento”:
– Clasificación y catalogación.
– Elaboración de inventarios y estadísticas de los fondos bibliográficos consultados.
– Selección de la bibliografía propuesta por los profesores, así como la confección de listas de obras de mayor utilidad para los lectores.
– Conexiones con los libreros que trabajan habitualmente con esta Biblioteca.
– Canalizar las peticiones de libros, facturas, etc., a la sección correspondiente.
– Mantenimiento y control de suscripciones a revistas y otras publicaciones periódicas.
– Revisión de fondos y conservación de material.
– Atender personalmente el servicio de préstamos así como las diversas orientaciones bibliográficas que soliciten profesores y alumnos.
– Mantener contactos con otras bibliotecas por medio de intercambios y donaciones .
– Reestructuración por áreas de la ordenación actual de los fondos bibliográficos.

Con el nombramiento de nuestra admirada Pilar Arriola damos por finalizada toda la primera etapa correspondiente a la formación de nuestra Biblioteca, a la que seguiría otra etapa intermedia de consolidación, cuyo estudio dejaremos para otro momento.
Un hiato de cerca de 15 años nos separa de la siguiente documentación localizada. Se trata de una Memoria de la Biblioteca del Centro de Estudios Universitarios correspondiente al curso

Almudena Enríquez de Salamanca

Rodrigo de Luz Carretero

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