Técnicas de examen

Cualquier examen, llámese control, prueba o evaluación, pone al estudiante en una situación crítica que, en el mejor de los casos, se plantea como un simple reto más dentro de su proceso de aprendizaje y, en el peor de los casos, se vive como una amenaza personal que altera al sujeto orgánica y psíquicamente desde su convocatoria.

¿Cómo debemos enfrentarnos ante cualquier examen? Preparándonos desde el primer día de clases a examinarnos de todo lo impartido por los profesores hasta el momento. Cada día del curso debemos acudir a nuestro centro de aprendizaje dispuestos a ser examinados.

Esta disposición creará en el estudiante una habitual sensación, un hábito, que atenuará los efectos desagradables del examen como prueba especial y definitiva, en la que se va a juzgar todo su pasado y a jugar todo su futuro.

Si el estudio previo al examen se ha venido realizando según indican los métodos de estudio, el estudiante no debería tener ningún temor, el resultado del examen estaría garantizado. Esto supone una asistencia animosa a clases desde el primer día, una atención comprensiva a las explicaciones del profesor, iniciativa para aclarar las dudas y curiosidad para ampliar los conocimientos, una correcta distribución del tiempo, unas adecuadas técnicas de estudio (lectura analítico-sintética, subrayado, esquematización, memorización, autoevaluación, resumen, repasos), sobre todo, un buen plan de repasos.

No obstante, sabido es que, a pesar de toda la buena preparación que lleve el estudiante, hay algunos a los que la situación de examen les provoca tal ansiedad que les reduce o anula su capacidad de acción.

La ansiedad es una reacción psicosomática normal ante una situación de amenaza, necesaria para mantener la atención durante la ejecución de una prueba; pero, cuando el nivel de ansiedad rebasa el de resiliencia, el sujeto se bloquea mentalmente para ignorar dicha situación provocando en su organismo síntomas que reclaman la atención de los demás y que justificarían su incapacidad para enfrentarse a la prueba, como falta de respiración –el sujeto tiende a suspirar o a bostezar para oxigenarse mejor-, trastornos digestivos –nauseas, vómitos, diarreas-, palpitaciones, temblores, descontrol de los esfínteres, sudoración excesiva –sobre todo en las palmas de las manos-, dolores de cabeza, insomnio, amnesia cognitiva y espacio-temporal, tartamudez, vértigos.

Existen técnicas de control de la ansiedad, la mejor de ellas es la seguridad en sí mismo con una buena preparación previa, como indicábamos en los párrafos segundo y tercero precedentes; pero, curiosamente, son a veces los alumnos mejor preparados los que, por ser tan autoexigentes y perfeccionistas, padecen mas ansiedad, mientras que los peor preparados permanecen tranquilos inconscientes de sus propias limitaciones y de la dificultad y consecuencia de la prueba. Entre las muchas técnicas para el tratamiento de la ansiedad las encontramos tanto de base cognitiva, como de base conductista, como la desensibilización sistemática o el entrenamiento en autoinstrucciones, todas ellas eficaces, pero de larga aplicación. El yoga también suele aplicarse y ser eficaz en pocas sesiones (menos de diez); pero, quizá sea la hipnosis la técnica más rápida, pues bastan dos sesiones para obtener unos resultados favorables. Personalmente me inclino por la relajación que, aunque es un tratamiento de mediana duración y no muy bien aceptado por algunas personas, sobre todo por adolescentes, es fácil de aplicar y sus efectos se pueden extender a la conducta general.

La relajación es una técnica con la que podemos controlar las reacciones del organismo y los pensamientos perturbadores; pero, como toda técnica, exige una práctica, no basta con conocerla. Veamos los pasos a seguir:
1.    Por las tardes, al llegar del colegio, procurarse un lugar tranquilo.
2.    Tumbarse. (Más adelante se podrá seguir practicando sentado, de pie e incluso en plena actividad).
3.    Aflojarse aquellas prendas de vestir que opriman.
4.    Colocar las manos sobre el abdomen.
5.    Tomar aire lenta y profundamente por la nariz, abriendo finalmente la boca para terminar de tomar más aire. (Se debe notar cómo es el abdomen el que se hincha y no el tórax: respiración diafragmática).
6.    Mantener el aire sin expulsarlo durante el tiempo que se pueda sin esfuerzo.
7.    La presión interna del aire provocará una explosiva expulsión al hacer vibrar los labios a su paso. (Este ruido al principio suele provocar las risas del los demás, cuando se realiza la relajación en grupo).
8.    Presionar ligeramente el abdomen para terminar de expulsar el aire que quede.
9.    Repetir este tipo de respiración varias veces.
10.    Pasar lentamente a la respiración natural con la boca entreabierta. (Al principio será una respiración cansada que lentamente debe terminar siendo una respiración apenas apreciable por el observador, hasta el extremo de que parece que el sujeto no respira).
11.    Centrar la atención en un punto imaginario situado en la frente entre las cejas.
12.    Sentir la sensación de peso en los párpados. (La sensación de sueño será cada vez mayor, aunque siempre se permanecerá en estado de vigilia).
13.    Repetirse constantemente mensajes como me encuentro a gusto, me siento cómodo, nada me molesta, de tal manera que cualquier perturbación ajena a la relación no pueda alterar su estado.
14.    Repasar cada uno de los músculos del cuerpo centrando la atención en cada uno de ellos, sintiendo a la vez cómo la circulación de la sangre por sus vasos produce cierto calor y cosquilleo.
15.    Experimentar la sensación agradable de peso en cada una de las extremidades. (Se siente como, pudiendo moverlos porque se está en vigilia, no apetece por esa sensación de peso).
16.    Experimentar la sensación agradable de ingravidez en cada una de las extremidades. (Las extremidades se perciben como insensibles, como anestesiadas, como si no fueran propias, como si fueran de un material muy ligero que se elevara al espacio por su falta de peso).
17.    Experimentar la sensación agradable de levitación. (Se trata de visualizar desde fuera del cuerpo cómo éste se eleva al espacio, despegándose de la superficie en la que está tumbado).
18.    Recrearse mentalmente en algún recuerdo agradable del pasado, con quién estaba, dónde estaba, qué circunstancias permitieron que aquella situación resultara tan agradable.
19.    Visualizar mentalmente el momento del examen, la tranquilidad con la que se va ha enfrentar a él, el momento de leer las preguntas y comprobar que a todas puede contestar acertadamente, verse en el momento de contestar a las preguntas de forma tranquila y ordenadamente, experimentar cómo, a pesar de que otros compañeros ya han terminado, a él le sobra tiempo para repasar lo hecho, experimentar la satisfacción con la que sale del examen… Recrearse con esas visualizaciones.
20.    Salir lentamente del estado de relajación moviendo los dedos de los pies y de las manos, cerrando el puño y moviendo los pies, flexionando brazos y piernas, y finalmente haciendo una respiración profunda.
Estos ejercicios hay que practicarlos de forma progresiva y sistemática dos o tres veces por día hasta conseguir el dominio de la respiración diafragmática y de la concentración, para posteriormente continuar con la relajación sentados, de pie y en acción.
A pesar del conocimiento de esta técnica y de su práctica hay alumnos que no consiguen dominarla, son personas con falta de seguridad en sí mismo, con miedo a abandonar al inconsciente el dominio racional de su mente y de su cuerpo.

El día anterior al examen no se debe estudiar. Lo que no se haya aprendido antes, ya no da tiempo para aprenderlo, incluso puede interferir en lo ya aprendido. Si se ha venido estudiando y aprendiendo cada día y repasando periódicamente, como indican las técnicas de estudio, sólo resta hacer lo siguiente:
•    No se debe hacer ningún exceso fuera de lo ordinario.
•    Evitar las emociones fuertes.
•    Dedicar el día a repasar.
•    Recordar aquello a lo que los profesores pusieron más énfasis.
•    Elaborar las posibles preguntas que puedan salir en el examen.
•    Asociar sus respuestas a alguna imagen que las evoque fácilmente.
•    La cena debe ser frugal, no se deben tomar ningún tipo de estimulantes ni de bebidas excitantes (alcohólicas, café, mate, té, chocolate).
•    Preparar el material necesario para el día siguiente.
•    Acostarse pronto.
•    Hacer algún ejercicio de relajación.
•    Dormir lo mejor posible.

El día del examen:
•    Levantarse con tiempo suficiente para asearse, desayunar y llegar a tiempo. (Procurar llegar al lugar del examen unos minutos antes, no mucho antes).
•    No tomar ningún tipo de estimulantes ni de relajantes, a no ser por prescripción médica.
•    Hacer algún ejercicio de relajación.
•    Evitar enfrentamientos con otras personas que puedan alterar el equilibrio emocional.
•    No repasar nada ni hablar con nadie sobre el examen.
•    Atender a las instrucciones.
•    Aclarar las dudas.
•    Evitar los pensamientos negativos concentrando la atención en el examen.
•    Leer detenidamente las preguntas a la vez que, si se puede, ir haciendo un esquema de las respuestas.
•    Distribuirse el tiempo disponible, dejando unos minutos al final para repasar lo hecho.
•    Empezar a responder primero las preguntas de las que se esté más seguro.
•    Empezar cada respuesta sobre una pequeña introducción general y pasar inmediatamente “al grano” sin salirse de lo que la pregunta pida.
•    Desarrollar cada idea en un párrafo.
•    Terminar la respuesta con una pequeña conclusión o resumen.
•    Dejar un espacio antes de responder a la siguiente pregunta, por si posteriormente se nos ocurre añadir algo más.
•    Si durante la respuesta de una pregunta se nos ocurren ideas para responder a otra pregunta, anótalas al margen para desarrollarla más tarde.
•    No perder mucho tiempo pesando una pregunta sabiendo como contestar otras.
•    Desentenderse de los compañeros de alrededor.
•    Si la mente se quedara en blanco, cerrar los ojos, relajarse, respirar honda y profundamente, buscar las imágenes con las que se asoció el tema de la pregunta. La lectura de las demás preguntas a veces pueden dar pistas sobre la respuesta de la pregunta que produce el bloqueo.
•    No terminar nunca el primero, por el contrario aprovechar hasta el último momento para repasar y completar las respuestas dadas.
•    Si no diera tiempo para desarrollar alguna pregunta, no debe contestarse telegráficamente, es preferible hacer un esquema con las palabras claves.
•    Cuidar la presentación, la caligrafía y la ortografía.
A veces hay que escribir tanto que el alumno termina sufriendo calambres en la mano, para evitarlos sería conveniente que el estudiante se entrenara previamente realizando diariamente durante una hora ejercicios escritos durante 15 minutos seguidos por períodos de descanso de 5 minutos. Durante el examen escrito es conveniente hacer breves descansos para relajar la mano, dejándola colgada del brazo, haciendo girar la muñeca, cerrando y abriendo fuertemente el puño y haciendo flexiones de codo.

Si el examen es tipo tests:

Si el examen es oral:

Si se trata de resolver problemas:
•    Leer cada problema dos veces.
•    De la segunda lectura extraer los datos y las incógnitas. ¡Atención a los datos implícitos!
•    Si es posible, representar los datos de forma gráfica.
•    Examinar la relación entre los datos.
•    Recordar las fórmulas a aplicar.
•    Explicar el motivote cada paso.
•    Repasar dos veces los cálculos.
•    Subrayar los resultados expresados en las unidades correspondientes.

Después del examen:
•    Si hay otro examen a continuación, descansar, pasear al aire libre, no comentar con nadie el examen anterior.
•    Si no hay más exámenes, olvidarse de lo hecho, divertirse, ya habrá tiempo para comprobar lo hecho.

Bibliografía:
•    Aduna, A.P. y Ordas, MªL.: Curso para reducir la ansiedad en exámenes escritos. Trillas (1989)
•    Hernández, J.M.; Pozo, C. y Polo, A.: Ansiedad ante los exámenes: un programa para un afrontamiento de forma eficaz. Promolibro (1983)

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