Los magos de los fogones

Tal y como están de encendidos los ánimos últimamente, a nuestros lectores les puede parecer una frivolidad un libro sobre cocina en la que se mueven cifras astronómicas. Por eso, entiendo que nuestro libro de hoy Reinventores, de Marta Fernández Guadaño –Editorial Conecta- no debe ser leído en sintonía política, ni siquiera, en sintonía económica, sino en sintonía artística y creativa.

Ya desde el prólogo de Ferran Adriá, se nos presenta este movimiento culinario liderado por él mismo como algo que va mucho más allá del negocio gastronómico, para convertir los fogones en algo tiene unas pretensiones artísticas que muchos no compartirán pero que han supuesto una auténtica revolución cultural dentro, y sobre todo, fuera de nuestras fronteras.

Quienes lean el trabajo de Marta Fernández podrán, al menos, conocer esa nueva vanguardia artística que viene de la mano de la cocina. Una de las claves la encontramos en la página: 41 ”La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no copiar su apariencia” La cita es de Aristóteles, y define muy bien la idea de estos creadores que han tomado la bandera, no sólo del arte, sino también de la investigación y desarrollo y del duro trabajo para ganarse el prestigio que tienen a todos los niveles. Insistimos, en todo caso, en el prestigio que dan a la marca España en el mundo entero.

Evidentemente, un libro gastronómico que cita a Aristóteles, va mucho más allá de la gastronomía, o reinventa –como su propio título indica- el negocio gastronómico para convertirlo en algo distinto a lo que habíamos visto hasta ahora.

Decimos negocio porque sí que es un negocio, no el negocio familiar al uso, sino empresas con un organigrama, con personas dedicadas a la gestión empresarial, como ocurre con Aduriz –discípulo de Adriá- que ha decidido olvidarse de esas labores y dedicarse exclusivamente a la cocina y a la creación. Si antes se citaba a Aristóteles, Aduriz cita el refranero “zapatero a tus zapatos” Y es que el nuevo mundo de la cocina es así, elegante y distinguido, pero a la vez, canalla y desenfadado. Puede combinar perfectamente el taco –no el culinario, sino el lingüístico- con la corrección y la delicadeza.

El aspecto formal nos lleva al ingenio al crear el icono de una bombilla, símbolo de la idea, con un plato blanco que representa esa sobriedad que irá llenándolo en un proceso que sólo el lector que termine el libro podrá desentrañar.     

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

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