Aprendizaje vs. Educación

Para John Dewey, el aprendizaje es el fenómeno más trascendental que acontece en la vida del ser humano, y yo matizaría y añadiría que además es uno de los más trascendentes que han acontecido en la historia de la humanidad. Toda conducta es aprendida.       

 Aprendemos a andar, a hablar, a leer, a escribir, a calcular, a conocer el entorno, a relacionarnos. Solamente la capacidad de aprendizaje del hombre, gracias a su capacidad mnemónica, puede explicar la filogénesis humana y la propia ontogénesis de cada individuo; de no ser por ello, seguiríamos viviendo en cavernas y de la infancia pasaríamos a la senectud sin movernos de la cuna.

Para unos, todo aprendizaje tiene que venir dado por un cambio de comportamiento, pero esto no es más que adiestramiento; para otros, el aprendizaje es la adquisición de conocimientos o habilidades, lo que limita el aprendizaje a la mera instrucción; para nosotros, aprender es un concepto más amplio, aprender es adquirir nuevas experiencias ya sean conocimientos, habilidades o sensaciones, pues también se aprenden los sentimientos, las emociones, los valores, los ideales que, aunque no ponen de manifiesto grandes cambios en el comportamiento habitual del sujeto ni aportan un gran bagaje cultural, sí suponen un cambio en su estructura mental, en su forma de pensar, en su forma de vivir, a lo que, más que aprendizaje, llamamos educación.

Aprendemos imitando a los que nos rodean, así aprendemos a andar, porque vemos andar; a hablar, porque oímos hablar, a comer, a vestirnos, a relacionarnos con los demás, así aprendemos a amar, a expresar y a controlar nuestros sentimientos y emociones, a llorar y a reír -aprendizajes que no consiguen los niños salvajes estudiados por el psicólogo antropólogo Zingg –citado por Anastasi en su Psicología Diferencial,- porque este aprendizaje exige la convivencia en sociedad, la presencia de unos monitores que actúen de modelo y a los que poder imitar.

Para que cada nuevo aprendizaje tenga permanencia con sentido en la mente del sujeto, es necesario que haya adquirido previamente otros con los que relacionar los nuevos; de lo contrario, la mente sería un cajón de sastre lleno de recortes, que nunca llegarían a formar nada congruente. Pero, ¿de dónde procede y cuál será el primer aprendizaje al que deberán relacionarse todos los sucesivos que transcurrirán a lo largo de la vida? La respuesta es fácil: nacemos ya sabiendo algo. Como mamíferos que somos, nacemos sabiendo succionar, y ese mecanismo instintivo será el que, impulsado por el hambre, hará que el neonato busque en su nuevo entorno hasta entrar en contacto con la fuente de su alimento, la madre.

Después del cambio de ambiente -del cálido y húmedo del claustro materno al seco y desabrido del exterior-, es la cara de la madre el siguiente estímulo al que se enfrenta el recién nacido mientras se alimenta. La cara de la madre es percibida en principio por el niño como una nebulosa poco definida, una constelación de estímulos integrada por dos puntos que brillan, los ojos; una oquedad que se mueve y por donde salen unos sonidos, la boca, y, entre ambos, una prominencia con dos orificios, la nariz.

A partir de estos momentos el niño asociará la sensación de satisfacción, de placer, con el rostro de la madre. Acaba de establecer el primer eslabón de la cadena de su aprendizaje, al que seguirán uniéndose otros, aunque no de forma lineal, sino interconectados entre sí a manera de una red -como lo están las neuronas cerebrales mediante la sinapsis-, red elástica y rompible, pero reparable y ampliable, funciones que ejercemos constantemente para corregir o mejorar nuestra estructura cognitiva. A esto es a lo que llamamos aprendizaje por asociación.

De lo dicho debemos extraer la importancia de los modelos y de las primeras asociaciones, para no sorprendernos más tarde con la conducta de nuestros hijos. Decía Coulet: Educar a un niño, no es sólo prohibirle o mandarle ciertas cosas, es vivir delante de él una vida que le invite a vivir de modo semejante.

D. Rafael Paniagua Zapatero
Coordinador de los Estudios de Magisterio

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